ENTREVISTA A EZEQUIEL ZAIDENWERG

Por Montserrat Tavitas

«…tal vez traducir sea una forma de mostrar lo que siempre estuvo ahí a pesar de jamás haber estado»

Ezequiel Zaidenwerg nos regaló esta fenomenal entrevista sobre su experiencia como traductor. Nos platicó sobre su primer contacto con la literatura y la traducción, sobre su trabajo en su antología de poemas, 50 estados, 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos (2018).

1. ¿Recuerdas libros o autores que de joven te hayan inspirado o llevado a la traducción?

Mi primer recuerdo, digamos, literario tiene que ver con una traducción. Descubrí, a los siete u ocho años, lo que podía la literatura con una edición de Huckleberry Finn en castellano.  Según yo recordaba, mientras viaja por el Mississippi con el esclavo fugitivo Jim, Huck se detiene en un pueblo vecino y compra una lista larguísima de cosas –un cuchillo, tabaco, whisky, tocino y provisiones varias– por un dólar. Yo ya tenía alguna idea del valor del dinero, y al parecer también estaba al tanto de la inflación argentina, tan acuciante entonces como ahora, porque no me asombró que a un chico como yo le dejaran comprar esas sustancias y estuviera dispuesto a consumirlas igual que los adultos, sino el inquebrantable poder adquisitivo de una suma tan módica. Mi primera noción de la literatura fue esa moneda única, ese dólar platónico, ajeno a los vaivenes de la tasa de cambio, que podía trocarse por una larga serie de pequeños tesoros singulares.  Años después, volví a leer el libro en su lengua original, para encontrar de nuevo ese pasaje y recrear aquella sensación. Como era de esperarse, nunca pude encontrarlo. Pero, en retrospectiva, me quedó la intuición de que tal vez traducir sea una forma de mostrar lo que siempre estuvo ahí a pesar de jamás haber estado.

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2. En tus palabras, ¿qué es traducir?

Es el mejor gimnasio de la mente, y un trabajo muy mal remunerado.

3. Publicaste 50 estados, 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos en 2018, una antología de poemas contemporáneos estadounidenses ¿Cómo fue el proceso de escritura y traducción de dichos poemas? ¿Fue primero en inglés o en español?

Algunas de estas voces surgieron primero en castellano, otras en inglés y otras en simultáneo en ambas lenguas. Yo mismo traduje al inglés algunos de los poemas –sobre todo los formalistas–, pero la mayoría de las versiones son de Robin Myers, a quien está dedicado el libro. Finalmente, hay un poema –no diré cuál– que se compuso en inglés, y cuya traducción imposible estuvo a cargo de Hernán Bravo Varela.

4. ¿Cuáles son los principales obstáculos que enfrentas durante el proceso de traducción poética?

Cada poema ofrece obstáculos distintos. La adaptación del ritmo es un problema a considerar, pero por mis propios intereses más que un obstáculo me parece una oportunidad para encontrarle, digamos, una prótesis que funcione a mi versión. También me divierte el trasvase de una cultura a otra: aprovecho para decir que la traducción me parece un fenómeno radicalmente regional. Lo que me cuesta mucho, cuando traduzco del inglés, son autores cuya fuerza en parte radica en el uso aliterativo y sintético de la profusión de monosílabos con que cuenta esa lengua: por ejemplo, no quedé para nada satisfecho con las versiones que intenté de Dylan Thomas.

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5. ¿Cuál, consideras, es el papel del traductor en un texto? ¿Qué tanta presencia debe de tener su voz?

Depende de qué texto sea. En un texto jurídico el rol del traductor no puede ser el mismo que en un poema. En cualquier caso, suele decirse que un buen traductor es en esencia un buen escritor, pero yo invertiría los términos: todo buen escritor es en primer lugar un buen traductor.

6. Por último, te felicitamos por tu nueva colaboración con Editorial Antílope, al traer 50 estados, 13 poetas contemporáneos de Estados Unidos a México. ¿Qué expectativas tienes de los lectores mexicanos hacia la poesía inspirada en la cultura estadounidense?

Muchísimas gracias, es un sueño para mí publicar en México, donde soy muy feliz cuando voy de visita y donde espero vivir algún día. En cuanto a mis expectativas, creo que los mexicanos –como todos los latinoamericanos pero un poco más, por claros motivos geopolíticos–, miran la cultura estadounidense con una saludable mezcla de fascinación y recelo.

 


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Twitter: @zaidenwerg