INDEPENDIENTES: EDITORIAL ÍGNEO

Editorial Ígneo, de Venezuela, se dedica a encontrar y publicar autores inéditos cuya esencia va «en contra de la corriente». Álvaro Rafael, su director editorial, nos platicó sobre el inicio de la editorial, los mayores retos que ha enfrentado y lo que más representa a sus publicaciones.

  1. Editorial Ígneo surge en el 2013, ¿cómo fue que inició todo?

Ígneo nació en Venezuela como iniciativa de un grupo de personas vinculadas con el sector editorial. Muchas veces llegaban a nosotros autores nóveles consultando sobre cómo preparar sus manuscritos para enviarlos a editoriales de otros países. Eran autores muy jóvenes, sin trabajo previo publicado y sin conocimiento del mundo editorial, con varias experiencias negativas en el proceso de presentar sus trabajos. Así que tuvimos el interés de crear una editorial que publicara a autores inéditos y con propuestas que podían no tener cabida en una editorial tradicional. Y aunque posteriormente abrimos nuestra editorial a autores publicados previamente, la mayor parte de nuestro catálogo está compuesto por autores nuevos.

  1. ¿Cómo surgió el nombre y qué significa?

El nombre proviene de ignis, fuego. El fuego visto como moldeador de nuevas formas. Nombre que toman, además, un tipo de piedra formada a partir del magma cuando se solidifica. Era un modo de ver a autores nuevos que iban formando su estilo, iban solidificando su voz.

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  1.   ¿Cómo definirían su línea editorial?

Tenemos una línea editorial identificada claramente con la conflictividad político-social que se vive en Venezuela. Nuestros títulos, si bien son de diferentes géneros repartidos en cuatro colecciones (narrativa, poesía, ensayo e intergenéricos), se vinculan en el análisis de lo que estamos viviendo desde la perspectiva creativa y cultural. De una manera u otra, algunas veces más evidente que otras, pero el país actual siempre está presente en nuestras obras.

  1.   ¿Qué es lo que buscan en cada obra?

Definida nuestra línea editorial, buscamos obras que sirvan a la comprensión del momento. Que sean un testimonio para contar aquello que muchas veces la desmemoria y los tiempos de volatilidad de los hechos se encarga de borrar. Aquello que pueda resultar incómodo de contar porque está pasando, pero no lo queremos aceptar. Tenemos obras que han llegado a ser vetadas en entrevistas o en algunas librerías por su título (Mariconeriasmías de Diego López Bruzual), por su temática (El último día de mi reinado de Manuel Gerardo Sánchez y Te mataré dos veces de Carlos Patiño) o porque simplemente van en contra del poder (Días de sumisión de Orlando Avendaño).

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  1.   ¿Qué es lo que los hace diferentes de otras editoriales?

Una vez un autor nos comentó que le gustó publicar en Ígneo porque «su esencia es ir en contra de la corriente». Tal vez eso nos defina desde el comienzo, por ser una editorial que ha publicado obras no tomadas en cuentas por otras editoriales, pero que nosotros considerábamos que tenían valor, valor que se ha confirmado luego con la receptividad del público.

  1.   ¿Cuáles son los títulos favoritos de los lectores?

Entre los últimos títulos publicados que han generado bastante aceptación están Días de sumisión de Orlando Avendaño, que es un ensayo político que analiza la influencia cubana en la génesis del chavismo; también está Mariconeriasmías de Diego López Bruzual, uno de esos libros difíciles de clasificar porque es una mezcla de novela gráfica con aforismos, reflexiones, toma de notas que nacieron para el medio publicitario y que terminaron independizándose de su origen y convirtiéndose en textos poéticos. Ha gustado también Maneras de irse de Ricardo Ramírez Requena, nuestro primer poemario, que se adentra en la nostalgia de las partidas.

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  1.   ¿Cuál ha sido uno de los grandes retos a los que se han enfrentado?

Como editorial independiente que surgió en un país en crisis, nos hemos visto enfrentados no solo a uno, sino a muchos grandes retos que compiten entre sí, retos comunes para cualquier emprendimiento cultural privado en la Venezuela actual: cierre de espacios culturales como librerías, pérdida de distribuidoras, emigración de nuestro equipo de trabajo, falta de insumos en la industria gráfica que encarecen los costos de producción y, por último, una hiperinflación que es fatal para cualquier editorial que se sustenta a partir de vender hoy, cobrar en dos o tres meses y, con el dinero recaudado, financiar nuevas publicaciones; con hiperinflación, cuando cobras, el dinero que recibes vale mucho menos de cuando se produjo la venta. Esto último nos impide hacer planes no a mediano ni largo plazo, sino a corto plazo, lo que se traduce en limitar el número de publicaciones y obligado a cancelar otras que teníamos en planes. Si juntáramos en uno solo todos esos retos —que de manera individual serían grandes retos en otro país—, veríamos que nuestro mayor desafío ha sido sobrevivir como editorial en condiciones tan difíciles, donde el libro pasa a ser un artículo de lujo o irrelevante ante necesidades elementales más acuciosas. Lo hemos logrado postergando publicaciones o apostando por la edición digital, contando con que algún día la situación volverá a una «normalidad». Mientras tanto, seguimos contra la corriente.