Mis días en la FIL: entre letras y nuevas perspectivas

XXIX Feria Internacional del Libro Monterrey

Por Carolina Damián

Del 12 al 20 de octubre de 2019, se celebró en la ciudad mexicana de Monterrey, Nuevo León, la XXIX Feria Internacional del Libro (FIL). Este año asistí por sexta vez consecutiva a este evento anual desde que llegué a Monterrey. Como en cada feria, hubo invitados especiales, pero se mantuvieron las charlas con autores, los encuentros internacionales de lectura y escritura, las presentaciones de obras y los sitios de venta de libros, claro. Sin embargo, en esta ocasión no recorrí la feria como tradicionalmente lo había hecho, sino que atendí a los visitantes del primer stand de la Editorial Argonáutica en la FIL.

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Sin duda alguna, mi percepción de la feria fue muy distinta esta vez. Solo recorrí sus instalaciones un par de horas y, en cambio, pasé la mayor parte de mi tiempo en el stand,
ayudé a acomodar libros, a vender, platiqué con los visitantes, y leí. Acostumbrada durante los años pasados a ser solo una visitante de la feria, el nuevo papel como vendedora fue un verdadero contraste para mis reflexiones sobre el mundo editorial y el literario nacional en general. Como estudiante de Letras, conozco algunos de los retos que presenta nuestro país en cuanto a la lectura y, con ello, respecto al consumo de libros.

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En la FIL, salvo cierto tipo de literatura, a mi parecer la compra de libros fue relativamente baja. Pensé entonces en posibles soluciones para esto y comencé a problematizarlas, pero mi objetivo no es disertar sobre ello ahora. Eso sí, como persona interesada en la escritura y lectura de literatura, pensé en que no conviene que las personas interesadas en escribir cejen en su empeño de dar a conocer sus textos y en que es importante que el esfuerzo de la difusión cultural, aunque sea lento, sea seguro. No lo digo de forma soñadora e ingenua, considero que no es así. Con la experiencia que he tenido en otros eventos literarios y con los recientes días que pasé en la FIL, he vuelto a comprobar que, algo por lo cual se interesa la gente en la literatura, es porque hay una necesidad de decir y ser escuchados. Sin olvidar la calidad literaria, creo que en esto último reside un elemento crucial para que los visitantes de una feria, de una librería o de una presentación de libro, se interesen por la literatura.

El contacto con una obra que nos impacta es de gran peso para adentrarnos al mundo literario, pero el esfuerzo de todo tipo de promotores de lectura, de escritores (consumados o no), de debate literario serio, de editores y de vendedores, por mencionar a algunos actores implicados, es lo que permite que el lector tenga las condiciones para formarse como tal y de forma no meramente intrapersonal. Sí, el lector de manera esencial procesa palabras mentalmente, pero también es un ente social y anclado a la materialidad. Por eso, sentada en mi silla como vendedora, busqué ver en cada persona que se acercó al stand , más que un potencial cliente interesado o indiferente, un lector en vías de conocerse.