Charla con Guadalupe Nettel

Por Efrén Ordóñez

Existe un universo en el que conviven un hombre que olfatea los baños de mujeres, una niña que se desliza por barandas a modo de iniciación sexual, otra habitada por un ser malvado, una familia que se decide alimentarse de cucarachas y una modelo que va quedándose calva por su propia mano.  Es el universo literario de Guadalupe Nettel, a cuyos personajes raros todos los une una soledad a veces desgarradora y a veces comprensible, deseable incluso.

La obra de la escritora mexicana ganadora del Premio Herralde de Novela en 2014 se sigue construyendo a partir de obsesiones, miedos y preocupaciones que nos llegan a todos, aunque nosotros no peguemos la cara en los retretes de los bares o hayamos sentido una presencia siamesa en nuestro interior que nos habla y nos asusta. Nos afectan como lectores porque al final todos nos sentimos solos.

Luego de escuchar a Guadalupe en Houston, Texas, hace algunos meses, releí sus libros, regresé su universo y, por supuesto, me surgieron varias preguntas. Aquí algunas de ellas.

Efrén Ordóñez: Entre narradores a veces nos repetimos frases hechas, pero hay una que siempre me da vueltas, y es esa de que «siempre estamos escribiendo el mismo libro». Leí una entrevista a Hubert Haddad en la que dijo que los novelistas corren ese riesgo. «Riesgo», le llamó. Otro autor me dijo que todas las novelas que ha escrito han sido el borrador del último que piensa escribir. ¿Cuál es tu postura? Si estás escribiendo el mismo libro, ¿cuál es? Si no, ¿por qué no? 

Guadalupe Nettel: Creo que tanto por su biografía como por los libros que lo formaron, cada escritor está capacitado para contar una serie de historias y abordar una lista de temas de una manera única, como nadie más. Solo Toni Morrison podía escribir como ella y solo Isaac Bashevis Singer podía contar historias como las suyas. En este sentido, podríamos hablar de una obra única, pero de un libro único que se repite y repite no lo sé… Al menos no siento que sea mi caso. Desde que tenía veinte años supe que me interesaba escribir sobre la anomalía y la no pertenencia; sobre los seres que, tanto por sus características físicas como sicológicas, se distinguen de los demás; sobre la ceguera que siempre he sentido muy cerca, acechándome; sobre la locura, y sobre otras cosas que por lo general los demás no quieren ver. Soy definitivamente una mujer obsesiva, le doy vueltas a mis temas ad nauseam, pero creo que aun así cada uno de mis libros es muy distinto del anterior. Además, escribo cuento, ensayo y novela. Eso hace que se diferencien todavía más.

Esos intereses o temas –por no decir obsesiones– aparecen en toda tu obra, pero me viene a la mente Pétalos, que fue el primero de tus libros que leí. Si hablamos de anomalías y no pertenencia, esos cuentos me parecen el ejemplo perfecto. ¿Cuáles son los temas y obsesiones que ahí aparecen? ¿Qué lecturas los inspiraron?

Esa colección de cuentos, que se publicará en EU a inicios del 2020, reúne cuentos que escribí en mi juventud y creo que es uno de los libros que más me representa. Se trata de una reflexión personal acerca de la belleza, la belleza de la anomalía. Los seres humanos tenemos por lo general una idea muy limitada de nuestra belleza. Nos creemos lo que nos cuenta la publicidad y la moda. Estamos formateados por ellas. En cambio, cuando vemos a las plantas o a los árboles, nuestra mente se vuelve mucho más flexible y abierta. No los juzgamos igual. Somos más receptivos a la presencia de los árboles, a su carácter único. No pensamos: «ese árbol debería de ser más alto o delgado y tener más hojas arriba y menos abajo». Simplemente permitimos que el árbol sea como es y apreciamos su belleza. Los personajes de estos cuentos son ligeramente monstruosos, algunos físicamente, otros en su comportamiento, y eso los vuelve atractivos y conmovedores, pero ellos se la pasan intentando que nadie se dé cuenta. Aparentan con todas sus fuerzas ser «normales» para sobrevivir en un mundo que uniformiza y reprime la diferencia.

Para escribir el libro me inspiré sobre todo en experiencias personales y mis observaciones de la gente. Quería hacer una elegía de aquellos que, como yo, nacieron con lo que se suele llamar «defectos de nacimiento». Pero también me inspiraron algunos autores como Charles Baudelaire, Kenzaburo Oé, Julio Cortazar, Julio Ramón Ribeyro, Lafcadio Hearn, Haruki Murakami, que también aprecian la belleza de los seres insólitos.

Podría adjudicarles un sinfín de adjetivos a tus personajes, pero en aras de la sencillez, dejémoslos en «raros», si no te molesta. La novela permite el desarrollo de sus características psicológicas –de sus peculiaridades–, con muchas más pinceladas, pero el cuento exige trazos sencillos y contundentes. Breves. ¿Cómo lo logras en el cuento? ¿Cómo en la novela?

En ambos casos me centro en las características físicas y en el comportamiento de mis personajes, en aquello que ellos intentan esconder a los demás para no ser juzgados y marginalizados. Solo que en los cuentos muchas veces la historia gira alrededor de esas «anomalías», mientras que en las novelas esas anomalías son parte de una historia más amplia. La novela me permite contar con detalle el origen de ese comportamiento, la forma en que interactúan con su entorno y la forma en que cambian con las experiencias.

nettel textoLas tres novelas que has escrito son, como dices, diferentes entre sí. El huésped, El cuerpo en que nací y Después del invierno. La segunda arrancó, según has dicho, como una suerte de autobiografía. Sin embargo, en El huésped escarbas hasta el fondo (literalmente, te metes al metro de la Ciudad de México) el tema de la ceguera, que, como dijiste, siempre te ha acechado. ¿Podría ser esa sensación de oscuridad, que aparece en la novela, más íntima que la autobiografía más en forma?

Sí, El cuerpo en que nací es completamente autobiográfico, mientras que El huésped es ficción, una novela inspirada de un gran temor en mi vida que es la amenaza real de quedarme ciega. Creo que la ficción otorga la libertad de escribir sobre lo que más nos aterra y más nos obsesiona sin miedo a ser juzgados por ello, una libertad similar a la de cuando participamos en un carnaval con una máscara puesta. Tenemos otra identidad y podemos decir o hacer las locuras que nos dé la gana. La ficción nos da la posibilidad de explorar nuestras zonas más inconfesables. El huésped es mi primera novela y pude escribirla a partir de una frase que escuché en boca de los indígenas de Chiapas: «Solo cuándo nos atrevemos a ver de frente aquello que más nos asusta y aquello que más nos avergüenza de nosotros mismos, podemos saber quiénes somos de verdad lo cual nos otorga una enorme integridad y fuerza». Yo me tomé esa frase como un consejo existencial, pero también literario. Cuando era niña, muchas veces me sentí juzgada y avergonzada porque mis ojos eran «anormales» –nací con una catarata congénita y otras deformaciones en el ojo derecho– y porque al no ver mas que de un solo ojo, me movía y me comportaba distinto de los demás. En esta novela hablo de esas experiencias desde la ficción, pero mirándolas de frente. Escribir ese libro fue una experiencia muy poderosa, y creo que algo de esa fuerza quedó impregnado en sus páginas.

Me impresiona la idea de la soledad de tus personajes –de las mujeres–, a partir de sus peculiaridades físicas, psicológicas o incluso familiares (es común que alguien les dé la espalda). Todos estamos solos, pero a tus personajes las siento todavía más lejos, más aisladas. ¿Por qué? ¿Así las sientes tú?

Otro de los temas que han marcado mi vida es la de la soledad. La soledad del adolescente, la del enfermo, la del anciano, la del que atraviesa un duelo, la de los niños abandonados, la de los seres que por una u otra razón viven en los márgenes de la sociedad, pero también de muchas personas que viven en las grandes ciudades, aislados, sin amigos y sin familia. Ese tipo de situaciones me conmueven mucho. Siento una gran empatía por las personas que las atraviesan, ya sea involuntariamente o por elección. La soledad tiene ventajas y desventajas. Incluso cuando no la elegimos, puede ser una época muy fructífera. Yo he vivido grandes periodos de soledad en mi vida y aunque a veces la pasé mal, también saqué provecho de ellos: pude leer, pensar, escribir y, cuando cayó el muro que me tenía aislada, también encontrarme de una manera muy intensa con otros seres humanos.

En los últimos dos o tres años he visto un despegue, un interés en los libros de ensayo, sobre todo autorreferenciales. Pienso que la literatura va tomando ese rumbo (sin dejar de lado a la ficción por supuesto). ¿Cómo ves el futuro del non-fiction?

Creo que hay personas más proclives a la ficción que otras. Se necesita un temperamento particular para que a un adulto le guste sumergirse en mundos imaginarios, creados por otro, y decidirse a creerlos como si los personajes y las historias de los que hablan fueran reales, a llorar y a reír con ellos. Y a la vez hay algo muy primario en el ser humano que lo lleva a imaginar. La ficción ha acompañado a los hombres desde la prehistoria. Y en todas las culturas existe la tradición de contar cuentos por la noche, junto al fuego. La ficción, contrariamente a lo que se piensa hoy en día, es muy útil e importante. Sin las ficciones de Da Vinci no habrían existido los submarinos ni los aviones de hoy, por poner un ejemplo. Nos permite ver el mundo de diferentes maneras y ponernos en el lugar de los otros, incluso de quienes habitualmente consideramos extraños o enemigos. Gracias a la ficción, un israelí puede imaginar lo que siente un palestino viceversa. También creo que hay sociedades más proclives a escuchar historias inventadas que otras. Ahora los mercados editoriales europeos y norteamericanos están muy enfocados en los libros de no-ficción: los reportajes, las crónicas, los testimonios, las mémoirs. A los lectores modernos nos interesa mucho saber quién escribe; queremos saber la historia personal y el periplo del autor, su forma de pensar y su opinión sobre el mundo, algo que durante los años 60 no importaba en absoluto. Yo creo que en algún momento se nos pasará esta obsesión y que las nuevas generaciones volverán a interesarse más en la ficción que en la personalidad del autor. Para mí se trata de algo cíclico, como tantas cosas en nuestro mundo. No sólo la historia es cíclica sino también la literatura.

Luego de leer y releer todos tus libros me quedo con el deseo (cruzo los dedos) de leer algunos de tu temas, intereses u obsesiones en un libro de ensayo. ¿Escribes ya alguno? Si no, de escribirlo, ¿de qué iría?

Hay dos libros de ensayos que pienso escribir algún día. Uno es sobre la figura del doble, los doppelgängers et al., y otro es sobre literatura y ceguera: escritores y personajes ciegos, desde Homero hasta Borges, pasando por Milton y por el Albinus de Nabokov. Tengo ya el índice de ambos y sólo espero el momento indicado para sentarme a escribirlos.

Para cerrar: te pregunté por Pétalos y El huésped porque son tus libros de ficción que no se han traducido al inglés. El año pasado en Houston, a propósito de la presentación de After the Winter, te escuché hablar de su traducción. ¿Cómo experimentas ese proceso con los idiomas que hablas y lees además del español? Y, sin querer que suenes aleccionadora, ¿cómo entiendes la importancia del traductor literario hoy? 

La traducción literaria es una de las profesiones más difíciles y admirables que hay. No sólo es importante conocer muy bien la lengua de partida, sino ser capaz de escribir en diferentes registros en la lengua a la que se traduce. Además del significado de las palabras es importante saber reproducir el estilo, el tono, el registro, las ironías ocultas y otros sobrentendidos, y reproducir una belleza semejante a la del texto original. Todo eso debe sonar tan natural y fluido en la lengua de llegada como si el texto hubiera escrito en ella. Yo leo inglés, francés e italiano, y suelo trabajar mucho con las traducciones a esos idiomas. Es mucho más sencillo para mí cuando no entiendo la lengua a la que me traducen. También me ha tocado conocer a traductores muy sensibles y cuidadosos con los que me siento infinitamente agradecida.

Esta charla se llevó a cabo para la revista Music & Literature. Haz clic aquí para ir su sitio y leerla en inglés, en traducción de la espléndida Sophie Hughes.

Guadalupe Nettel fue elegida como una de las treinta y nueve figuras literarias más importantes de Latinoamérica de menos de treinta y nueve años de edad en el Hay Festival de Bogotá en 2006. Ha vivido en Montreal y París, y ahora reside en la Ciudad de México. Ha publicado cuento, novela y ensayo. Dirige la Revista de la Universidad de México desde 2017.

Efrén Ordóñez es escritor y traductor.  Fundó y codirige la editorial Argonáutica desde 2017. Twitter: @efrenordonezg.

Fotos de la autora cortesía de Mely Ávila.