APOLOGÍA DE LAS COSAS DIMINUTAS

APOLOGÍA DE LAS COSAS DIMINUTAS

Por Alberto Álvarez Alejo

Reseña de Tomografía de lo ínfimo

México, FOEM, 2018, 104 pp.

En Tomografía de lo ínfimo (Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2017), Laura Sofía Rivero se vale de la ironía y un agudo sentido de la observación para develar relaciones intrínsecas entre objetos, a primera vista prescindibles, y los grandes cuestionamientos y preocupaciones propios de la vida del mexicano moderno.

Los sucesos que percibimos en una escala macro parten de una cadena de reacciones que casi siempre tiene su origen en una nimiedad. ¿A dónde van a parar las canicas? ¿Qué puede decirse acerca de la ontología de la bolsa de las bolsas? A lo largo de estos 11 ensayos, Laura Sofía nos invita, con un estilo ágil y punzante, a un recorrido a través de curiosidades, anécdotas y objetos. Así, sabemos que los millones de dólares, que año con año las cadenas de supermercados destinan al fondo de protección contra capital faltante, tienen su origen en miles de adultos jóvenes y mal pagados que se roban pares de calcetines o alimento para gato en cada visita.

Tomografía de lo ínfimo abre con una declaración de principios que a su vez es una apología de las cosas diminutas. Adelanta que lo pequeño deviene en macro cuando la experiencia particular del objeto atraviesa la colectividad. Y qué mejor manera de ejemplificarlo que con una uña enterrada: una parte del cuerpo que rara vez tiene protagonismo, pero que es capaz de inmovilizar a una persona por el dolor extremo que puede llegar a provocar.

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La voz ensayística busca penetrar en el espacio y en el objeto para presentarlos a partir de anécdotas cotidianas, pero se despega de la crónica al reflexionar y rastrear la historia y repercusiones de los temas que le interesan. Revaloriza los objetos sacándolos de contexto para que podamos observarlos; así, un bandido de arma blanca se convierte en un mago, la bolsa de las bolsas es un ser caníbal, los baños públicos son un síntoma de la desigualdad en la sociedad en la que existen.

Podemos distanciarnos del ladrón, pero en algún punto robamos. Hay espacios donde es socialmente aceptable hacerlo, como en supermercados y otras cadenas de ingresos multimillonarios. En ese caso, somos el ladrón pequeño que roba objetos ínfimos pero necesarios; en otros, personas que existen en el ámbito maximalista, como las celebridades, también roban como cualquier ciudadano, debido a que el valor del hurto no se encuentra en el objeto sustraído sino en el acto simbólico que reafirma la vida.

El tono irónico, en vez de funcionar como una máscara detrás de la que se oculta la ideología, sirve para derribar las paredes del pudor. Lo íntimo y lo público guardan una relación similar a la de lo pequeño y lo grande. Para el individuo de a pie, es preferible desaparecer, vivir su corporeidad bajo el discreto refugio de la vestimenta, su desnudez sólo aparece en pesadillas. Pero, como vemos en el ensayo Imprecación sobre los baños públicos, las excreciones, eso que todos hacemos, pero de lo que nadie habla, pueden ser liberadoras y estrechar relaciones en una sociedad mediante la expresión de experiencias y costumbres, toda vez que se descontextualicen y se hable de ellas en el ámbito público.

Incluso las acciones, objetos y seres más pequeños y periféricos pueden tener incidencia en la realidad global, y no sólo eso: son piezas indispensables de su funcionamiento. La frase es trillada pero cierta: todo está conectado; sin embargo, como Laura Sofía nos invita a ver, no sólo a un nivel físico, sino también semántico y fenomenológico.

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Alberto Álvarez Alejo (Córdoba, 1989) Becario del área de narrativa en la Fundación para las Letras Mexicanas.