El de las 6:52

El de las 6:52
Original en inglés por Emily Weitzman || Traducción de Montserrat Tavitas

 

¿Qué demonios haces de pie al lado de la máquina de boletos? Demasiados trenes salen de la estación como para que sigas aquí, esta noche, en este andén, al lado de esta máquina, esperando este tren a la ciudad.

No sé si puedas verme, pero te encuentras tan cerca que puedo sentir el ritmo de tu boca al mascar tu estúpido chicle, y espero que mi vestido verde de terciopelo pueda camuflarse con el piso de cemento. Pienso en esconderme de ti, detrás de mis amigos, pero todos son unos jodidos enanos, además ambos somos bastante altos –sobre todo yo, que llevo puestos mis tacones de Año Nuevo–, y no hay suficiente espacio en el andén como para evitar que los borrachos escuchen las conversaciones de los demás. Y puede que tú seas el borracho más alto en el andén. Sé que soy la borracha más alta, sobre todo en mis tacones de Año Nuevo. Ayer, durante mi revisión médica de fin de año, el doctor me dijo que mi estatura se ubica en el 1% de todas las mujeres. Es decir, no hay mujer más alta que yo en el planeta.

He esperado este tren demasiadas veces, aunque por lo general espero poco. Soy el tipo de persona que siempre va tarde: corro por los escalones de la calle hacia el andén, saco un billete de veinte de la bolsa y lo atasco en la boca de la máquina de boletos, que luego escupe ocho dólares plateados de regreso, los tomo, me apresuro al borde del andén, cruzo la línea amarilla de precaución, llego justo cuando la campana suena y el tren se estaciona, listo para llevarme lejos.

A las doce terminará el año, haciendo de hoy la última noche de todas sus noches. Me dije a mí misma que arrancaría el año sin ti, pero estamos por iniciarlo juntos en el mismo tren. Por lo tanto, puedes ver por qué me siento algo molesta de que no sea ni medianoche y mi propósito ya se haya ido al carajo. El tren nos llevará a un lugar que se parece demasiado al pasado que no será, cuando yo me paraba en este andén contigo y los edificios de la gran ciudad hacia donde escapábamos no parecían tan altos contigo a mi lado.

departure-platform-371218_960_720

La noche siguiente a nuestro primer beso, estaba en este andén con mi familia, en espera del tren para ir a una obra en Broadway. Todavía no era Año Nuevo. Dondequiera que mirara, imaginaba tu rostro. En la niña de vestido rojo de Navidad que giraba sobre su eje junto a la máquina de boletos. En el hombre de negocios con un diente astillado y un pie en vilo sobre la línea amarilla de precaución. En la anciana sumida en las páginas del periódico sobre una banca gris. En la pareja con los tres bulldogs. Miré hacia el suelo y también vi tu rostro. Pensé en llamarte, pedirte que vinieras a verme a la estación, que corrieras por los escalones, atascaras un billete de veinte en la boca de la máquina monstruosa, recogieras los dólares plateados, te apresuraras a llegar al borde del andén y dejáramos que el tren nos llevara lejos a los dos. Pero llegó el tren y no iba a esperar a nadie, así que subí y miré por la ventana mientras nos alejábamos de la estación y de docenas de rostros tuyos.

De repente, me ves de pie aquí, escupes tu estúpido chicle y vienes hacia mí, pero tal vez no seas tú, tal vez sea la niña que gira en círculos sobre su propio eje o el hombre detrás de la línea amarilla, y pienso en que debería moverme por si eres tú, pero el cemento debajo de mis pies es arena movediza y, mientras caminas hacia mí, vas volviéndote en un rascacielos. Estoy segura de que cuando se trata de la probabilidad de estar en este andén de tren, tú eres el 1%. Pero el tren llega antes de que llegues a mí. Nos subimos a vagones diferentes y el tren arranca, pero no voy a ningún lado.

En Grand Central, te pierdes en entre la gente. A medianoche, beso a un extraño en la oscuridad de una fiesta en el Barrio Chino. Cuando la multitud rompe en gritos de «Feliz Año Nuevo», te imagino a ti también en un grito de «Feliz Año Nuevo» en algún lugar de la ciudad, para luego escapar con alguna otra chica envuelta en terciopelo, aunque no tan alta como yo. Los imagino yéndose juntos, atorados en el tráfico del centro en un taxi amarillo, mientras yo espero el tren para irme a casa.

Cuando llego a mi pueblito y bajo del tren, el cemento bajo mis pies aún se siente movedizo. Un pedazo de chicle está pegado al suelo cerca de la máquina de boletos. En espera de pegárseme al tacón. Parece un descuidado beso de medianoche.

sparkler-477598_960_720

 

—-

Puedes consultar el texto original en Vol. 1 Brooklyn.

Sigue a la autora:

Twitter: @eweitz92