Satisfacciones y obstáculos al abrir una librería independiente

Original en inglés por Heidi y Michael Bender || Traducción de Griselda Zavala Márquez

La librería Split Rock Books se encuentra en Cold Spring, Nueva York.

Cuando le cuentas a la gente que abrirás una librería independiente, siempre tienen algo que decir. La palabra «valentía» es la que más se repite. Los desconocidos se preocuparán por ti («¡una librería en esta época!») y un montón de personas te contarán qué tanto leen o no, si el público en general lee y cuántas personas compran en Amazon (todas). La realidad es que existen varios obstáculos para abrir una librería, algunos que aplican para cualquier tipo de pequeña empresa y otros que son específicos de nuestra industria. Pero, también hay otras dificultades que viven solo en la mente de un público interesado.

Hasta ahora, el comentario más desconcertante que hemos recibido es el de personas que dicen: «Yo no leo» y que extrapolan esta cualidad a la demás gente a partir de las siguientes preguntas: «¿Todavía hay personas que leen?» y «¿Cómo le hacen las librerías para sobrevivir?» Siendo honestos, nosotros sentimos más curiosidad por la forma en que sobreviven los salones de bronceado, pero creo que la respuesta es que no todas las tiendas le sirven a toda la población. No necesitamos que todos lean, solo requerimos que los lectores que viven por aquí nos encuentren y compren en nuestra librería. Casi todas las personas que conocemos leen, por lo que este obstáculo no nos preocupa.

Eso nos lleva a la siguiente inquietud: ¿Y QUÉ SUCEDE CON AMAZON? Es normal que sobre la cuestión también confiesen que ellos compran en Amazon a cada rato y que las personas solo compran libros en línea. Todos los libreros están bien entrenados para responder a esta afirmación. Puede que estemos algo cansados, pero seguimos avanzando con la esperanza de convertir aunque sea a un solo devoto de Amazon. Podemos explicarles que, si bien esta compañía siempre será una amenaza para las empresas independientes, el público en general se ha dado cuenta de lo mucho que disfrutan el contar con espacios comunitarios y locales comerciales en sus vecindarios. También les platicamos sobre el crecimiento de tiendas locales y el resurgimiento de librerías independientes. Les compartimos cómo nosotros podemos ofrecerles un montón de beneficios que Amazon no: recomendaciones personales, descubrimiento de algo inesperado, un espacio para convivir. No, no podremos igualar los precios, pero confiamos en que las personas a las que les gusta nuestra oferta preferirían que el dinero regrese a su comunidad y no a los bolsillos de Jeff Bezos. Si bien Amazon es un fenómeno preocupante, no es un obstáculo para abrir una librería en una ciudad que quiere una porque le falta.

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Esto empata con las personas a quienes les gusta decir que la industria del libro agoniza. Su forma favorita de expresarlo es entrar a una librería y exclamar: «¡Una librería! ¡No me imaginaba que todavía existieran!», como si fueras Marty McFly desapareciendo de la fotografía famimliar y fuera su misión advertirte. Estas personas, por cierto, nunca compran nada. Nos saltaremos este comentario porque es casi la misma explicación: a las personas les gusta leer, la gente se está dando cuenta que los autores, los editores y las librerías necesitan ganar dinero si desean seguir con vida. Así que no hay mucho que decir sobre el tema, más allá de la extrañeza de decirle a alguien que su industria va en picada, cualquiera que sea.

También hay personas con muchísimos consejos para dar, a pesar de que ellos nunca han trabajado en una tienda de cualquier tipo (lo cual es muy diferente a las recomendaciones de colegas dentro de la industria). Hemos invertido diez años de sangre (el viejo elevador de la Housing Works Bookstore fue uno de los culpables), sudor (como en cualquier librería) y lágrimas (no te conocemos, lector, lo suficiente como para compartírtelas). Han sido momentos de salarios mínimos y pagar renta en Nueva York. Años de explicarle a nuestros familiares que: sí, aunque te pagan poco, obtienes mucho conocimiento y practicas tus habilidades más de lo que la abuela cree. Años de limpiar baños, levantar cajas, sacar, con cautela, libros de la boca de los bebés mientras sus padres están distraídos, e intentar tranquilizar a los clientes que se enojan por un montón de razones. Y todo mientras sigues amando tu trabajo con todo el corazón. Parte de la dificultad de abrir una librería en estos tiempos y a esta edad, son los años de trabajo y el casi nulo crédito que reciben las librerías. Amigos, familia, personas que te aman, desconocidos, todos quieren darte consejos, casi siempre porque les importas, y uno puede cansarse de decir con tacto: No, gracias.

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Nuestros mayores obstáculos han sido mucho más concretos que cualquier otro negocio. La librería se encuentra en un edificio histórico de los inicios del siglo XX. Cuando lo encontramos, las paredes estaban inclinadas, los pisos desiguales, el cableado era peligroso, pero nos encantaba la ubicación, el espacio, los grandes escaparates brillantes y estábamos dispuestos a trabajar por ello. ¡Resulta que es dificilísimo encontrar a un buen contratista! Demasiado, demasiado complicado. Lo buscamos durante casi dos meses, sufriendo llamadas sin contestar; tratamos con personas que prometieron el mundo y luego desaparecieron. Al final, hallamos una compañía que ha sido excelente –flexible, que entendió nuestra ignorancia en lo que respecta a la renovación, y dispuesta a trabajar con nuestro calendario de fechas urgentes. Encontrar un contratista no es algo que normalmente preocupe a una librería independiente, pero para nosotros fue el aspecto más difícil.

La fatiga que representa tomar tantas decisiones es un problema nuevo para ambos. Ya sea para elegir la iluminación o ediciones de libros, pequeñas diferencias de precios, cantidades o traducciones (como Michael Hofmann sabe), las opciones son infinitas. Esto puede significar que incluso decidir qué cenar nos podría llevar directo al colapso. Ya ninguno quiere tomar decisiones. No hay una cura real para el cansancio que produce la elección entre un montón de opciones; en algún punto comienzas a tratar al otro como si fuera un curita que requiere quitarse de golpe. El producto final tal vez no será el ideal platónico de una librería, pero seguro será lo mejor.

Otro obstáculo es la sensación de un atavío imaginario. El miedo a que surja la necesidad de hacer ‘algo’ afuera y no poder, a pesar de saber que pronto estarás trabajando siete días a la semana. Seguimos en la búsqueda del equilibrio entre productividad y salud. ¿Qué es sano y qué es necesario? En abril fuimos unos días a Los Ángeles por un muy necesitado descanso, pero, cuando regresamos, no mantuvimos el balance por mucho tiempo. Sabemos que muchos dueños de negocios sufren de lo mismo, y esperamos aprender a hacerlo con éxito. Es bueno gozar de tiempo libre de vez en cuando, ver televisión un rato, practicar yoga, hacer excursionismo (¡Cold Spring es hermoso!), cualquier actividad que la tienda no engulla.

Abriremos la librería en unas semanas, y la gran mayoría de los comentarios que hemos recibido son de vecinos que nos dicen que se sienten muy emocionados por tener una librería en la ciudad y que no pueden esperar a visitarla. Somos afortunados de vernos en una librería viva y real otra vez; nos encantará escuchar las recomendaciones y comentarios de nuestros clientes.

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Puedes consultar el texto original en Literary Hub.