Entrevista a Ronit Guttman: la literatura desde el psicoanálisis

 

1. ¿Por qué sigue siendo relevante el psicoanálisis?

El «objeto de estudio» del psicoanálisis, que es, mejor dicho, el sujeto, no caduca. Quiero decir, el psicoanálisis se dedica a la escucha del sujeto inconsciente para analizar su malestar y aprender qué y cómo hacer, responsablemente, con él; me parece que eso, mejorar la vida, es y será siempre de la mayor relevancia.

2. ¿Cómo entiende el psicoanálisis a la literatura?

No puedo responder en nombre del psicoanálisis; puedo responder en mi nombre, desde mi lectura del psicoanálisis. Diría, en principio, que entender puede resultar tramposo. Montalbetti, recordando a Lacan, en una entrevista para La Mula, dice:

Entender, como en: ah, ya te entendí; cuando llegas a ese punto todo el lenguaje sirve solamente para almacenar y acumular. Pero ya no te sirve para aquello que produjo eso […] Se trata de entender, pero se trata sobre todo de no acumular lo entendido creyendo que ya se sabe algo.

Una vez dicho lo anterior, la literatura, como cualquier otra manifestación artística, es por mí entendida como poiesis, creación; lo llevaría más allá y diría aún que es como transformación (aquí, a modo de provocación, voy a dejar la traducción) porque no hay algo absolutamente nuevo, pero toda repetición no es sin diferencia. Si el arte no crea, si se limita a reproducir lo probado posible, si el arte es mimesis… qué narcisista, qué poco confrontador, qué complaciente, qué flojera.

3. Sigmund Freud menciona que el texto literario es un pre-texto y el texto del psicoanálisis es la clínica. ¿A qué se refiere con esto?

No sé a qué se refirió Freud con muchas de las cosas que dijo, supongo que, más allá de los textos, solo él supo. No olvidemos que lo que leemos cuando leemos a Freud es una edición traducida. Partiendo advertidos de las pérdidas –y ganancias, por qué no– de la traducción, diría que el psicoanálisis es la clínica, quiero decir que ese es su principal campo de acción; la teorización en forma de diálogo con otras disciplinas viene después. El psicoanálisis y todo su aparato teórico sirven a un fin puntual que es la escucha. Me parece que la clínica, lo que escucha el psicoanalista, esa «novela familiar», ese entramado, esa malla, ese tejido, es el texto del psicoanálisis y solo se diferencia de la literatura porque hay un sujeto que vive esa ficción como verdad.

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4. Leí un artículo de Carlos Rey, “Literatura y psicoanálisis”, en el que dice que ambos conceptos, aunque sus significados son muy diferentes, comparten la interpretación de palabras. ¿Cómo se relacionan estos dos campos teniendo en cuenta que ambos interpretan las palabras?

Saussure divide el signo lingüístico en dos partes: significado y, debajo de este, significante. El primero es, casi a nivel de esencia, el concepto; mientras el segundo es apenas un contenedor o vehículo del primero. Lacan retoma esta fórmula pero da un giro fundamental: el significante –el momento material y concreto del signo– queda por encima del significado, es más, ya no nos ocuparemos del significado porque suele fijar y clausurar lo que de por sí se desplaza y cambia. Quién sabe cuáles sean los significados de «psicoanálisis» y «literatura», todavía más, quién sabe qué signifique «interpretar». A Derrida la interpreación le despertaba sospecha, por decir algo, porque esta supone que hay un punto de partida y un sentido en común con el otro: la diferencia es la diferencia, no hay un horizonte de sentido compartido. Yo percibo que, a menudo, «interpretar» es entendido como intercambiar una cosa por otra y listo, ya está. Freud fue muy crítico con este método de interpretación de equivalencias calculado y programado, precisamente porque ignora la singularidad, la diferencia. Interpretar, tanto en el campo literario como en la escucha psicoanalítica, me parece, tendría que ver más con los despliegues de las condensaciones de los significantes, sus sentidos y sus direcciones, que con las equivalencias fijas y clausuradas de los significados. Lo otro, las equivalencias que parten de un suelo común, me resulta muy violento porque en común tenemos nada y nada más.

5. Desde la perspectiva del psicoanálisis, ¿hay alguna diferencia entre el contenido de una historia escrita y el de una contada de manera oral?

De nuevo, a título personal, diré que sí, sin duda. Freud trajo a la escena psicoanalítica varias formas de escritura que registraran las impresiones que posibilitarían los procesos de memoria, la pizarra mágica (un breve texto increíble de 1924-1925 en el que Freud presenta una analogía para explicar el funcionamiento de la memoria y, su correlato, el olvido, con la tecnología disponible entonces) es el ejemplo cumbre de ello; sin embargo, y hasta donde recuerdo, cuando elaboró el metódo psicoanalítico puso en el centro a la palabra sin mayor distinción. Lacan, me parece, apuesta por la voz: parte importante de lo que hoy leemos son registros, escritura, de sus seminarios. Derrida, entusiasta de la escritura –que es, finalmente, huella, diferencia; muy psicoanalítico, ¿cierto? –, apostó por el grafo. Ambos momentos, escritura y sonido, son el momento material que arriba mencionaba cuando hablaba del significante como cuerpo, pero cada uno tendrá consecuencias distintas; se me ocurre, por ejemplo, que en la oralidad y en la gestualidad, ¡el cuerpo!, la posibilidad de dar lugar a las formaciones del insconsciente (lapsus, equívoco, olvido, chiste, síntoma, sueño) es más fecunda, aunque de ningún modo tacho de infértil a la escritura para dar lugar a estas formaciones. En todo caso, me resulta de la máxima dificultad definir con precisión los límites de uno y otro soporte; la danza, por ejemplo, ¿es un texto dicho, escrito, ambos, ninguno u otra cosa?

6. Freud menciona que los buenos escritores son profundos conocedores del alma del ser humano. ¿Para ti cuáles escritores contemporáneos consideras que logran reflejar esto en sus personajes?

Hace mucho no pienso en personajes. La literatura que leo últimamente es una que no cuenta historias, o no linealmente, una literatura en la que los personajes que aparecen, si aparecen, son una excusa o un pretexto de la literatura para decirse a sí misma, o eso he leído yo en esos textos. De hecho, a veces transito entre géneros sin darme cuenta, como sin distinguir la ficción de la no ficción porque es un poco así, ¿no?

Los escritores que me prenden, que me emocionan y que me apasionan, no sé bien qué sea contemporáneo y si ellos lo son o no, son Montalbetti, Kamenszain, Gervitz, García Manríquez, Hinostroza, Satrapi. Solamente he leído Ásia récord de Laura García Jiménez y me pareció genial. También Lispector, Girondo, Huidobro, en fin, los autores que revisaremos, desde el psicoanálisis, en el taller en Casa Tomada.

7. Para ti, ¿conocer acerca de la vida del autor es importante para analizar una obra literaria? ¿Por qué?

No. Me atreveré a decir que a veces ese conocimiento estorba. Creo que convertir a la obra en su autor o al autor en su obra es no reconocer la autonomía de cada uno, es aniquilar a ambos. A veces saber algo sobre el autor puede arrojar luz sobre algún aspecto de su obra. A veces saber algo sobre el autor es la tentación de entender e intercambiar equivalencias como «claro, en la ficción pasó esto porque en su vida pasó esto otro» y eso, como decía antes, me resulta muy violento. El texto dice lo que dice, ni más ni menos, y cada lector leerá lo que leerá.

8. ¿Hasta dónde llega la influencia del psicoanálisis en la literatura del siglo XX?

Es bien difícil medir. A veces, como en El libro de los divanes de Kamenszain, la influencia es indiscutiblemente manifiesta y literal, otra veces, uno puede leer psicoanálisis donde otro no. Yo leo psicoanálisis hasta en la sopa, sea o no de letras. Uno lee lo que puede-quiere leer.

9. ¿Consideras que hay alguna relación entre la memoria colectiva y el psicoanálisis por medio de la literatura? ¿Cómo?

No por medio de la literatura, pero tampoco en relación de exclusión con ella. El psicoanálisis siempre tendrá que ver, en mayor o menor medida, con la memoria y sus procesos, incluso si es discrepando en sus perspectivas o sus acciones. Si bien el psicoanalista escucha al sujeto inconsicente y este último no es colectivo, nada le impide ser poroso y heredero; no hay sujetos totalmente aislados, intactos y atemporales, la pureza y el origen no existen. Algo –mucho, tal vez, quién sabe cuánto– de la subjetividad se determina por las coordenadas simbólicas, es decir, por las condiciones sociopolíticas que la posibilitan: sexo, género, religión, etnia, clase, raza, nacionalidad, entre muchas otras. Ese algo no agota nunca ni alcanza a decir la singularidad y es precisamente ahí donde el psicoanálisis opera, no sin que los resultados de tal operación tengan consecuencias fuera del dispositivo psicoanalítico.

10. ¿Consideras que la literatura refleja el inconsciente del autor? ¿En qué manera?

La literatura es ella misma y si refleja algo ha de ser de quien la lee. Algo habrá de quien la escribe en ella, pero no me atrevería a decir que refleja al inconsciente del autor (¿en qué momento y por qué?, ¿cómo dar cuenta de esto?). Para corroborarlo, tendríamos que escuchar al autor, que dejaría de ser autor para ser sujeto inconsicente, en un proceso analítico y no sé para qué haríamos eso.

11. ¿Se puede conocer o develar, con el psicoanálisis en una obra literaria, situaciones de lo humano, más allá de la propia experiencia del autor?

Sí. Creo que una obra literaria, como cualquier texto, es un testimonio.


Las respuestas son de Ronit Guttman, quien en los meses de julio y agosto impartirá su taller «Psicoanálisis y Literatura Latinoamericana» en Casa Tomada.

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