Cinco poemas de Ivan Štrpka

Original por Ivan Štrpka || Traducción al español de Lucia Duero

 

Mantengan el pánico

«Morir es solo no ser visto», sostiene

el eterno alcohólico local, guardián del Jardín cubierto de maleza.

El tiempo aquí, en lugares lúgubres, carece de tiempo.

Ahora está nublado, pero quieto. Nadie

duerme. Bajo mis ventanas rechina el antediluviano

tranvía amarillo núm. 25. «Pax tecum», el mensajero veloz

de todos los lugares ocupados y desocupados.

Todo sucede. Y espero que yo también. Parece

que el tiempo dura y la miseria se acumula. Encuentro

muchas huellas vivas. Desde el teclado me trepa

una pequeña hormiga terriblemente movediza –

casi invisible. Y en cualquier momento puede

desaparecer o explotar.  

Mantengan el pánico



¡Ámame y muérdeme!

En una fotografía desenfocada y borrosa estamos sentados

uno junto al otro, sin movimiento y sin expresión. Durante todo el invierno

miramos al frente como en el cine, cuando la película

bruscamente para por un instante. Tus piernas son largas,

tu falda corta. En una pequeña ventana redonda detrás,

como en el angosto sollado, nada sucede y nada hay.

Todos los días y noches de este invierno deslucido

respiramos sin mediar palabras. Sin luz.

Y la lámpara, en ninguna parte.

Y nada se mueve. Nada cambia.

Amame y muerdeme



La bandera invisible / niños en fuga

Los nudos de las agujetas están desatados. Los niños están en fuga.

Sus ojos azorados iluminan los fragmentos del mundo en la premura de la gente,

los cuales emergen de vez en cuando y resplandecen en las fisuras

entre los días que fluyen de prisa. Todos son

como uno mismo, la ciudad silba su adelante. La máquina teje llanamente,

no se detiene. Nadie nos busca. Somos náufragos aquí.

Los nudos de las agujetas están desatados –

muelles de piedras – ¡terminaremos con ustedes! La ola

se está levantando. Y el aire chapotea. Tras cada paso arrastramos

la nave ebria.

Bandera invisible



El puente que no es

Tantas veces lo hemos atravesado juntos

de día y noche, de uno a uno, como un perro sin perro

completamente solo. La oscuridad lentamente

desarmó aquel puente, hasta que desapareció,

y después construyó otro en el mismo lugar,

con cambios poco claros y una ligera distorsión.

Ya nadie fusionará en él todos nuestros rumbos

cambiantes, todos nuestros paseos ardorosos de

primavera, verano, otoño e invierno.

Desde entonces nadie ha puesto un pie en él. Aquel puente

es ahora solo una nada visible, una nada visible

sin un nombre o rumbo permanente, sin ancla en el idioma

de la ciudad incluso en el mapa de la memoria & de las redes

en una búsqueda sin piedad. Hoy, aquel puente

se llama de un lado Diurno,

del otro Nocturno. De una orilla De nadie,

de la otra también. De una orilla Ayer, de otra Mañana.

¿Dónde está el Hoy?

En un Allá, en otro En ningún sitio. Y viceversa.

En un extremo un Ahora, en el otro un Nunca. Nunca. Nunca.

Nunca entraremos. Aquel posible placer dura –

pero ¿dónde, dónde en él, en qué lugar, en el cual

no estamos, se pueden encontrar nuestros pasos?

No busques nada, no esperes nada. Y no mires atrás. Da un paso.

¿De dónde? ¿A dónde?  

El puente que no es



Sueño profundo

Cuando el viento terminó de escribir las últimas palabras

no había nadie

quien prestara oídos.

*

Desapareció también el silencio, en el cual monótona

golpetea una rama hueca de un cierto árbol asilvestrado

sobre una pared desnuda.

*

Desperté en medio del sueño

en la noche profunda

y de nuevo concilié el sueño, acostado sobre mis brazos.  

Sueño profundo

 


Estos poemas puedes encontrarlos en el libro Mantengan el pánico de Ivan Štrpka, traducción de Lucia Duero. Puedes conseguirlo en Kichink o en las siguientes librerías.