¿Por qué los estadounidenses leen tan pocas traducciones?

Original en inglés por Gabriella Page-Fort* || Traducción de Griselda Zavala Márquez

Vivimos en un mundo globalizado. Es momento de actuar como si así fuera.

Aunque vivimos en una sociedad globalizada, tanto lo que leemos como lo que vemos en Estados Unidos es, en su mayoría, de cosecha propia. Damos por hecho que la cultura global es una imagen enclaustrada que nos parece familiar, repleta de personajes de Disney y celebridades estadounidenses, escenas de batallas en color sepia y representaciones estereotípicas de nuestros “enemigos”. Con poca frecuencia cuestionamos el por qué de que tan pocos productos extranjeros son presentados en programas de televisión o cuál es la razón por la que no se vuelven grandes éxitos. No obstante, las ideas no tienen fronteras; las historias que amamos pueden venir de donde sea y deleitar a todas las personas. Solo podremos entender  nuestro lugar en el mundo aprendiendo sobre el –por lo que la traducción de literatura es una muy buena manera de conocer a nuestros vecinos lejanos. Como el poeta nigeriano Ben Okri dijo: “Las historias pueden conquistar el miedo. Pueden hacer crecer el corazón.”

¿Por qué los estadounidenses no leen más literatura extranjera? Chad Post reporta en “Three Percent Database” que en el 2016 en los Estados Unidos solo se tradujeron 633 nuevos trabajos de ficción y poesía, menos del uno por ciento estimado de los 300,000 libros nuevos publicados por año según la  UNESCO, de esta cifra, más del 40 por ciento de ellos son publicados en Europa occidental. Casi no tenemos idea de lo que el resto del mundo está leyendo.

Comparemos esto con el idioma alemán. Al invertir fuertemente en el intercambio cultural a través de programas de arte financiados por el gobierno, como el Instituto Goethe, al mismo tiempo que es un centro internacional para acuerdos de derechos con la feria más grande del libro en Frankfurt, Alemania impulsa tanto una industria de publicación de textos que mira hacia el exterior como una prominencia de autores de lengua alemana traducidos en el extranjero; en el 2016, 9,882 nuevas traducciones se publicaron en Alemania, 13.6 por ciento de las nuevas publicaciones, como aparece en el reporte «Books and the book trade in 2017 (2016 figures)» en Frankfurter Buchmesse [la feria del libro en Frankfurt, Alemania]. Las obras alemanas son las más traducidas en el extranjero según el Index Translationum de la UNESCO. Autores como J.K. Rowling y Jojo Moyes encabezan las listas de los libros más vendidos tanto en Alemania como en Estados Unidos, pero es raro que un autor alemán se ubique en los primeros puestos de Estados Unidos. ¿Por qué persiste tal desequilibrio cultural?

Como editora enfocada en literatura internacional, me lo pregunto muy seguido. He escuchado cosas como que a los estadounidenses no les interesan otras culturas; que tenemos suficientes excelentes libros en inglés como para mantenernos ocupados y que nuestra posición privilegiada deriva en ceguera cultural; que los editores en Estados Unidos evitan la traducción de obras porque requieren más tiempo, dinero, y conexiones más complejas que las que toma publicar escritores locales; también porque los editores estadounidenses son monolingües, y este no es el caso en otros países. Estas estadísticas se centran solo en el número de traducciones publicadas, pero la demanda de libros internacionales exige un cambio. En China, las cinco obras de ficción más vendidas del 2017 fueron traducciones (incluyendo obras del japonés Keigo Higashino y el afghano-americano Khaled Hosseini); en la versión estadunidense de esta misma lista, todos los autores más vendidos son locales, por excepción de la canadiense Margaret Atwood. Nosotros, los lectores, ostentamos el poder de cambiar esta tendencia.    

«Autores como J.K. Rowling y Jojo Moyes encabezan las listas de los libros más vendidos en Alemania y Estados Unidos, pero es raro que un autor alemán se encuentre en los primeros puestos de Estados Unidos. ¿Por qué persiste tal desequilibrio cultural?» Austria, país pequeño, con la quinta industria editorial más grande por valor de mercado total por habitante, tiene un público particularmente voraz que lee distintas literaturas ajenas a la de su país de origen y de cualquier género, según su lista de libros más vendidos. Junto a los autores alemanes, todavía desconocidos para los lectores estadounidenses, encontramos los clubes de lectura en español de Cristina Campos, Bruno, chief of pólice mysteries de Martin Walker, novelas de suspenso de Karin Slaughter, Donna Leon, los romances paranormales de Nalini Singh en Nueva Zelanda e inspiración de John P. Strelecky. El amplio y estimulante alcance de la lista de libros más vendidos de Der Spiegel en Alemania demuestra que hay aún más escritores literarios internacionales que entran al mainstream: en la actualidad, se encuentran The Field, del escritor austriaco de renombre mundial Robert Seethaler y The History of Bees escrito por la noruega Maja Lunde (publicado en inglés por Diane Oatley en 2017), junto con el crimen y el humor local se hallan Harlan Coben, Haruki Murakami, además de la galardonada francesa Laetitia Colombani. ¿Por qué estos mercados se muestran tan hambrientos de voces diferentes a las de su propio idioma?

La historia ofrece una posible respuesta: la influencia cultural es una política exterior tanto en Austria como en Alemania. Instituciones culturales como el Foro Cultural Austriaco (anteriormente el Instituto Austriaco) –con 29 foros alrededor del mundo que enfatizan en la conexión entre cultura y derechos humanos, asimismo–, el Instituto Goethe el cual cuenta con 159 puestos internacionales en 98 países en los que se que organizan eventos y hospedan autores, fueron formados después de la Segunda Guerra Mundial para participar en la diáspora. Autores contemporáneos de aquel tiempo como Thomas Bernhard y Franz Kafka establecieron una cultura literaria magnánima con relevancia global; día a día, los lectores entienden muy bien los graves riesgos del aislacionismo y la urgencia del intercambio de ideas a través de las fronteras. Al día de hoy, los lectores de lengua alemana dirigen el mundo de la publicación de traducciones. Así que, ¿qué puede aprender Estados Unidos de nuestra actual crisis global? ¿Será necesario que los estadounidenses emigren masivamente a causa de una guerra para fomentar tal polinización cruzada e inspiración literaria, o podemos saltar a la solución e invertir en cultura?

Celebro al Premio Nacional del Libro de la Fundación Nacional del Libro –institución estadounidense–, la cual recientemente anunció un nuevo premio que reconoce las traducciones. Como la directora ejecutiva Lisa Lucas explica: «Esta es una oportunidad para nosotros de incidir en la visibilidad de las traducciones. Cuanto menos sepamos sobre el resto del mundo, peor estamos». Los premios ayudarán a los lectores a descubrir libros, y yo estoy escribiendo  para animarte a leerlos. Las obras foráneas te pueden sentar bien, son tan entretenidas y escapistas como las lecturas cómodas a las que nos acercamos con facilidad. Muchos lectores han aceptado textos traducidos como El alquimista de Paulo Coehlo, la saga en curso de Stieg Larsson Millenium Trilogy, y los clásicos infantiles como Everybody Poops de Tarō Gomi, pero te reto a que ayudes a cambiar este paradigma agregando más voces internacionales a tu dieta literaria.

Es fácil imaginar un mundo más compasivo, un lugar donde la educación una a las personas y les dé el valor de encontrar a los demás en el arte. Me gustaría pensar que la globalización nos guiará hacia una nueva unidad cultural; un mundo donde los libros sean tan únicos como las personas que los escriben y en el que los lectores están enlazados a través de las historias, más allá de las fronteras geográficas o lingüísticas.   


Gabriella Page-Fort es directora editorial de AmazonCrossing en la que ha trabajado desde el 2010. Su lista incluye autores premiados de todo el mundo, Laksmi Pamuntjak, Martin Michael Driessen, Laura Esquivel, Dolores Redondo, Laura Restrepo, Zygmunt Miłoszewski y Ayşe Kulin. Fue nombrada Superstar de Publishers Weekly Star Watch en el 2017. En su tiempo libre, es traductora de textos literarios del francés y español.

 

*El texto original lo puedes encontrar en Literary Hub.