Comentario de Esta noche el gran terremoto

Por Tania Tagle

“Ya cualquier cosa es una novela”, escuché decir una vez a un colega acalorado. El gesto de su boca al pronunciarlo se parecía mucho al de mi abuelo el día que le explicamos Facebook: un puchero medio torcido que reflejaba una profunda incomprensión disfrazada de desprecio.

La novela, dentro del sistema literario mexicano, es la joya de la corona, el género al que todos los escritores tarde o temprano nos incorporaremos cuando nos demos cuenta del enorme despropósito que es escribir poemas, cuentos, ensayos o esas otras cosas que nadie lee. Un día, “daremos el salto”, así le dicen, y la novela nos ungirá como escritores “verdaderos”. Y justamente por eso, a la novela se le respeta. Con la novela no se juega.

Pero a Leonardo Teja no le pasaron el memo, o se lo pasaron y decidió probar si podía encestarlo en la basura. Por supuesto, para este tipo de faltas cívicas y contraliterarias se necesitan secuaces, y ahí estaban las hadas madrinas de Editorial Antílope, dispuestas a desafiar la sacrosanta institución del género y a hacerlo, además, con un estilo impecable. El resultado de esta complicidad es el libro que presentamos hoy.

Esta noche el gran terremoto es una novela lúdica y refrescante, pero también incómoda, como mirarse en un espejo ligeramente distorsionado o escuchar una grabación antigua de la propia voz. No sé si me atrevería a llamarla absurda, como he leído que a veces ha sido catalogada por algunos reseñistas. Mucho menos viviendo en un país como México, donde el portal del SAT ofrece claves para facturar a movimientos extremistas clandestinos —es la 93111501— o puedes pasar once años esperando que el IMSS reanude el abasto de una medicina. Pero tampoco es que me parezca una cuestión de primer orden elegirle a esta obra una etiqueta que no esté relacionada con el absoluto disfrute, sobre todo de sus partes más ominosas.

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De cómo en sus páginas se refractan Kafka, Beckett, Levrero, Boris Vian, y hasta Borges, podemos hablar otro día. Y les prometo que hablaremos mucho. A la crítica le encantan las influencias.

Hoy concentrémonos en que tenemos en nuestras manos una obra con la que podemos jugar como si fuera un artefacto musical, susceptible de ser interpretado en varias claves. Podemos, si nos apetece, hacer el ejercicio de buscarle metáforas desde el título hasta el colofón y las hallaremos de todos tipos: políticas, sociales, históricas y hasta psiquiátricas. O podemos dejarnos llevar por los acontecimientos sin buscar pistas ni preguntarnos en qué carajos estabas pensando, Teja. Y simplemente disfrutar de imágenes extraordinarias, de precisiones conmovedoras y de diálogos que son en sí mismos una delicia. No sé la novela, pero la literatura, como el diablo, está en los detalles.

Esta noche, el Gran Terremoto