Vagabundos orientalistas: ascenso y descenso de la montaña Matterhorn, California

Por Aurelia Cortés Peyron

La primera mitad de The Dharma Bums se centra en una anécdota simple: la expedición de Ray Smith (Jack Kerouac), Japhy Ryder (Gary Snyder) y Morley Johnson (John Montgomery) a la cima de la montaña Matterhorn, en la Sierra Nevada de California.

 Ascenso

El ascenso a una montaña es inevitablemente metafórico: es un arquetipo. El ascenso del Matterhorn no se plantea en The Dharma Bums como una manera de retar a la naturaleza o romper un récord, sino como una búsqueda espiritual, un encuentro con las limitaciones y capacidades propias, físicas y espirituales. Y es una aventura que sirve para describir la personalidad excéntrica de Japhy, experto en escalar montañas y a quien Ray en algún momento imagina como cabra montesa. Para Ray, en cambio, un personaje que, desde la primera escena del libro (él viajando de contrabando en un vagón de carga junto con un vagabundo devoto de Santa Teresa) representa lo citadino y los placeres mundanos, éste es un terreno desconocido (la única naturaleza que conoce viene enlatada. A muy pocos les preocupa la preservación ambiental en los años cincuenta).

Es fácil caer en la tentación maniquea de leer The Dharma Bums en términos de campo-ciudad y naturaleza-artificio. Y no sería del todo incorrecto: creo que Kerouac insiste en esta división, idealiza, por ejemplo, la vida de los monjes en las montañas y le atrae una espiritualidad dúctil, que va de la idolatría a la iconoclastia. Una tercera dualidad se establece aquí: Oriente vs. Occidente. Japhy, ídolo y amigo entrañable de Ray, es conocedor y estudioso de diferentes lenguas y culturas orientales. La primera vez que Ray lo visita, lo encuentra sentado sobre una almohada, leyendo:

–What you doing?

–Translating Han Shan’s great poem called Cold Mountain written a thousand years ago, some of it scribbled on the sides of cliffs hundreds of miles away from any other living beings.

Japhy describe a Han Shan como «a Chinese scholar who got sick of the big city and the world an took off to hide in the mountains» y Ray le contesta «Say, that sounds like you».

Gary Snyder en esos años era estudiante de lengua y cultura orientales en Berkeley, escaló múltiples montañas en California, y pocos años después partió a Japón y estuvo en diferentes países de Asia a lo largo de una década. O sea que sí, la descripción coincide perfectamente. Y hay una pulsión que los une a los dos, aunque vengan de polos opuestos: huir. De las convenciones sociales, de un sistema económico asfixiante, de la academia, de las expectativas de los demás. En este sentido y para retomar la reflexión sobre la relectura, en la primera entrada de esta serie, The Dharma Bums es un libro de juventud: no hay momento más emocionante para leerlo que la adolescencia, una etapa de cuestionamiento, búsqueda de libertad y autonomía.

En la misma escena hay un momento clave para entender el interés de Kerouac en la visión literaria de Snyder (y viceversa). Japhy está traduciendo y le muestra los caracteres a Ray, explicándole la dificultad de traducirlos de manera fluida en inglés, pues en el original, por la naturaleza del idioma, mucha información depende del contexto y no está especificada en la escritura:

–That’s the third line, it would have to read ‘Long gorge choke avalanche boulders’

–Well that’s even better!

–Well yeah, I thought of that, but I have to have this pass the approval of Chinese scholars […]

La traducción de Japhy dice: «Cold Mountain path goes on and on, long gorge choked with scree and boulders». Es un equilibrio delicado entre la yuxtaposición de los signos, como sucede en chino, y la búsqueda de un eco poético en inglés. La relación de ambos se sostiene muchas veces en su apreciación literaria. Ray Smith busca la sabiduría de Japhy, su capacidad contemplativa, su acervo intelectual, y admira su disciplina; Ryder admira la espontaneidad de Smith, su energía vital, su estilo antisolemne. Smith encuentra el ritmo de la poesía en los acentos regionales de los traileros que le dan aventón en las carreteras: «that’s what I call poetry», dice, tras imitar al hombre de origen Cherokee que con una musicalidad bizarra mezcla las inflexiones de su voz con el cambio de velocidades y los ruidos inextricables de su tráiler.

ReturningHomeKimHoaTram

Aunque Ray Smith es muchos años mayor que Japhy, a veces actúa como un niño. Y la infancia tiene para el personaje el valor de lo originario, de la inocencia. La travesía por la naturaleza con sus amigos lo devuelve a este estado y constantemente compara su aventura con un juego vespertino de niños del vecindario. El impulso lúdico domina a este personaje. La atracción magnética del sonido y la constante pregunta de qué tan real es lo real lo llevan a momentos liberadores donde predominan la sensación de absurdo y un sentido del humor agudo y a ratos críptico. Y Japhy parece disfrutar este sentido del humor, aunque de pronto Ray se convierta en un niño impaciente, irritable: «So he forgot to drain the crankcase», dice, sin entender la dimensión del problema, y después: «So he forgot to brain the drankbase».

«Comparisons are odious», por otro lado, es una frase que le gusta a Ryder. Cuando comienzan a subir la montaña Smith improvisa un haiku: «‘Rocks on the side of the cliff,’ I said, ‘why don’t they tumble down?’», y Japhy no está muy convencido de si estos versos tienen el espíritu del haiku. «A real haiku’s is gotta be as simple as porridge and yet make you see the real thing», y después cita un haiku del poeta japonés “moderno” (del siglo XIX) Shiki: «‘The sparrow hops along the veranda, with wet feet’». Su explicación es clara y apela a la sensorialidad del haiku, la carencia de metáforas y el efecto vívido de la imagen: «You see the wet footprints like a vision in your mind and yet in those few words you also see all the day that’s been falling that day and almost smell the wet pine needles».

Ésta es una excelente explicación de la esencia del haiku, en tres renglones. Ni Snyder ni Kerouac respetaron la métrica tradicional (17 sílabas, tres versos) del haiku, sino que se dedicaron a afinar el ojo para tener la visión del haiku. A diferencia de otros precursores del haiku en Occidente, los beatniks, pero principalmente Snyder, lo llevaron a su vida diaria, propiciaron los momentos para escribir haiku y lo practicaron como un tipo de meditación. Aquí la montaña es una deidad silenciosa que ofrece la experiencia, exige concentración en cada paso, precisión en cada roca movediza, y el recorrido es la recompensa misma.

La amistad que los une es uno de los temas mejor logrados en la novela y más conmovedores. Nuevamente, es una novela donde el personaje central crece, aprende, cambia, y todo es a través de una relación de admiración y entendimiento intuitivo entre ambos y por ello, una Bildungsroman.

MatterhornPeak

Descenso de la montaña

I’ve been reading Whitman, know what he says, Cheer up slaves, and horrify foreign despots, he means that’s the attitude for the Bard the Zen Lunacy bard of old desert paths, see the whole thing is a world full of rucksack wanderers, Dharma Bums refusing to subscribe that they consume production and therefore have to work for the privilege of consuming all that crap they didn’t really want anyway […] I see a vision of a rucksack revolution […]

Todo va muy bien en esta intervención efusiva de Japhy en una fiesta improvisada tras su regreso de la montaña, hasta que esta imagen del vagabundo iluminado culmina en «making young girls happy and old girls happier». El único personaje femenino con diálogos que ha aparecido en el libro hasta este punto no tiene nombre propio: se llama Princess. Princess es una mujer joven, de veinte años, que sólo aparece como pareja sexual de Japhy, en ocasiones, y de Alvah y Ray en otras, principalmente en un ritual sexual tibetano al inicio el libro. No es muy clara la noción de consenso en esta escena.

Esto resuelve un enigma para mí: la novela, hasta aquí, no pasa el test de Bechdel-Wallace, que indica tres simples reglas para que una trama incluya personajes femeninos complejos: que haya dos o más mujeres, que platiquen entre sí y que hablen de un tema no relacionado con hombres. Y que tengan nombre propio. Un dejo amargo de la relectura es darme cuenta de que mi solución, como lectora interesada en subir montañas y todo lo que implicara escribir poesía real y emocionante, ávida de libertad y experiencias, convencida de la necesidad del “regreso a la naturaleza”, fue simple pero devastadora: imaginarme como hombre. No quería ser Princess, obviamente, a quien invitan a subir el Matterhorn y después por alguna razón llega Morley en su lugar. Yo quería ser Japhy Ryder o en su defecto, el camionero Cherokee.

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Segunda entrega de Aurelia Cortés Peyron de una serie de ensayos sobre relecturas de libros que la impresionaron cuando los leyó en la adolescencia. “Kill Your Darlings”, revisitas a libros importantes de la generación beat por una de nuestras autoras.