Las noches son así, de Isabel Zapata

broken-english Las noches son así, de Isabel Zapata

Por Editorial Argonáutica

Isabel decidió hacer una apuesta por lo digital porque este formato permite que se distribuya de manera gratuita y que lo pueda leer quien quiera.

Así puede llegar a más lugares y personas de lo que llegaría en físico. Además, hay un entusiasmo por el trabajo visual que permite un formato así y cree que, al menos en poesía, este tipo de experimentos enriquecen mucho al lenguaje y lo acompañan.

La editorial Broken English le dio al libro dos formatos: un epub que se puede descargar para leer en la computadora, tablet o celular y una versión más dinámica que se puede ver directo en la página web.

Nos llena de honor sumarnos a esta gran labor de difundir un trabajo en el que creemos, de una de nuestras fieles colaboradoras, y del cual les compartimos un par de poemas.

¡Enhorabuena, Isabel!

Esperamos que les guste, y si es así, por favor, siéntanse con la libertad de compartirlo.

 

Correspondencia

1

—¿Y por qué has venido a Delhi? ¿No ves que la gran ciudad yace tumbada como una cosa? ¿No ves lo que han hecho con ella los sahibs?

—He recorrido un largo camino desde Punjab. Regresé por el sabor terroso de las lentejas, por la dulzura imposible del jalebi.

Uno siempre vuelve a esta ciudad vencida.

2

Guardé una foto nuestra.

Habíamos salido y llegamos borrachos a casa. Estaba amaneciendo pero tú querías seguir tomando: prendiste la música y te pusiste a bailar mientras yo te veía desde el sillón.

No sé en qué momento nos quedamos dormidos.

Al despertar me levanté a buscar la cámara, la puse sobre el escritorio programada para tomar una foto [5] y regresé a acostarme junto a ti. [4] Cuánta belleza en un cuarto tan chiquito. [3] Algún secreto nos pertenecía, estoy segura. [2] Por favor escríbeme si te acuerdas de él. [1]

3

Habito en ti como el naan habita en los trigales de Udaipur.

 

La sabana como tumba

1

Los científicos la llaman memoria selectiva
por eso no recuerdo al doctor Zinser ni recuerdo
por qué te quitaron medio estómago para qué
servía la heparina qué cosa brillante mirabas
en la ventana el nombre de la enfermera
que lavó tu cadáver de madrugada.

Recuerdo con qué palabras me explicaste
en el Videocentro de Avenida Revolución
que era buena idea rentar una película nueva
en lugar de llevarnos Las brujas otra vez
recuerdo el cuento del oso que no lo era:

le construyeron una fábrica encima mientras dormía
al salir de su cueva el capataz lo confundió
con un obrero, lo llevó con el supervisor, el gerente,
el director le dijo usted solamente es un hombre
tonto, sin afeitar y con un abrigo de pieles.

tres meses dijo uno de los médicos

dardo en cuenta regresiva

noventa días ochenta y nueve
y ocho y siete y seis y cinco y

Metieron tu cuerpo a un horno, las cenizas en una cajita
tallada la cajita a un agujero en la pared de la iglesia.
Luego unos tornillos apretados para que no se abriera.
Algo dijo el sacerdote sobre la muerte y la esperanza
pero qué más da:
hay animales que tienen la sabana como tumba.

2

Mis hermanos me miran
como si fuera algo tuyo
que le robé a la muerte
pero mi padre no soporta
repetido el torbellino
de tu temperamento.
No seas dramática,
ya estás como tu mamá.

El analista pregunta por el matrimonio de mi padres.

—Estaban separados desde antes, se embarazaron por torpeza, mi papá ya estaba con otra.
—Entonces, ¿usted piensa que sus padres no se amaban?
—Estaban confundidos.

De espaldas caminando hacia la playa.

Yo tengo seis años, una camiseta rosa, tenis
de plataforma, una cola de caballo despeinada.

Mi mano está en la tuya y a lo lejos
se ve un sol pequeño de amarilla
redonda perfección.

No alcanzo a distinguir
dónde terminas tú
dónde empiezo yo
en esa fotografía.

Envío

Madre, hermana, tina, pozo, precipicio,
animal deforme de las profundidades,
punto de partida de mi rostro, brevísima
flor de jacaranda, cuerda floja: cuéntame
a qué huelen los desiertos de la muerte,
cómo fluyen los ríos en ese reino.

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