Traducción interespecie

Por María Richardson

Vivo con dos traductores y un gato. En nuestra casa, el lema es “todo es traducción”, pero no se me había ocurrido hasta ahora buscar la raíz de la palabra. Traducir viene del latín trans- de un lado al otro-  y ducere- guiar, dirigir. Pasar de un lado a otro, dirigir de un lado al otro. La palabra en inglés hace el movimiento más obvio: we translate, trasladamos. No es crear un puente, sino cruzarlo, cruzar algo.

¿Se guía al lector hacia las palabras o se guían las palabras hacia el lector? ¿Y cómo se define el espacio que se cruza? Me falta platicar con mi amigo profesor sobre las metáforas y teorías que se usan para describir la traducción literaria. Mientras tanto, me interesa pensar en la traducción en un sentido más amplio, que incluye las distancias que cruzamos para intentar saber cómo otros animales y las plantas perciben el mundo.

Entre especies, la traducción es más hipotética que entre humanos. Interpreto el maullido matutino como un saludo (‘Buen día, siéntate aquí conmigo en el sol’), aunque podría ser una queja (‘¿Por qué tardaste tanto en salir?’ o ‘Quiero atún’). Los dueños que conocen bien a sus mascotas reconocen causa y efecto en sus comportamientos, las orejas hacia atrás del gato indican enojo, cierto movimiento de la cola, gusto. Pero hay quiebres en la comunicación. Cuando una mascota actúa herida, como cuando un bebé humano llora, comienza un desesperado juego de adivinanza. ¿Será hambre? ¿Será frío? Les reclamamos como si pudieran contestarnos con palabras ¡Dime qué te duele y dónde y cómo!

Si aún entre humanos que hablan el mismo idioma hay malentendidos, cómo no entre especies. Tendemos a proyectarnos, a leer de acuerdo a nuestros puntos de referencia, y a veces a equivocarnos. Pareciera que el delfín se divierte (¡sonríe!), pero la expresión es producto de su anatomía y no su estado de ánimo. Y aunque quisiera ver esa patita de mi perro sobre mi pierna como cariño, pudiera ser un acto de dominación. Dependemos de quienes estudian a otras especies metódicamente para tener mejor idea sobre ellos y relacionarnos de manera relevante. La científica Alexandra Horowitz aclara, por ejemplo, en su libro Inside of a Dog, que el lamer de los perros, si bien puede puede tener algo de expresión afectiva, igual puede ser para saber dónde has estado y qué has comido.

pugs

Hay un video de Ted-Ed, con guión de Horowitz, sobre las maravillas del olfato de los perros. Todos sabemos que el olfato de los perros es poderoso, pero yo, al menos, no sabía que pueden reconocer los componentes de un perfume rociado en un amplio estadio cerrado. Horowitz describe cómo los perros van leyendo pistas sobre el pasado y el futuro en su entorno. Este conocimiento nos ayuda a ser mejores acompañantes de los perros. Si sacamos a un perro a pasear sin darle tiempo de explorar con el olfato los objetos que lo atraen, le estamos limitando gran parte de su experiencia. El conocimiento nos ayuda también, simplemente, a apreciar la complejidad del mundo. Es bonito poder pasear con un perro e imaginar, si no poder imitar, recibir tanta información por la nariz.

Hoy en día se habla más de las inteligencias de distintos tipos de animales, pero falta mucho por reconocer y traducir la inteligencia de las plantas. Las percibimos pasivas y sencillas, aunque hay cada vez más investigación que sugiere que las plantas tienen vidas cognitivas complejas. Los videos de time-lapse que muestran cómo una planta crece hacia sus fuentes de luz son una buen comienzo de traducción. Acercan el movimiento de las plantas a una velocidad que entendemos mejor.

El libro What a Plant Knows: a Field Guide to the Senses de Daniel Chamovitz tiene también buena estrategia. Plantea las percepciones de las plantas en términos de nuestros cinco sentidos. El crisantemo, por ejemplo, usa el sentido de la ‘vista’ para saber cuando llega el invierno (cuando el tiempo de oscuridad continua se alarga). La venus atrapamoscas usa el sentido del ‘tacto’ para saber cuándo cerrarse sobre su presa (cuando dos de sus tres pelos han sido tocados). Laura Ruggles, en un artículo titulado “The minds of plants” advierte que hay que tener cuidado y no abusar de las metáforas, pero concluye que mucho en el comportamiento de las plantas sugiere capacidad de memoria y aprendizaje.

planta carnivora

Yo no sé si el encino en casa de mi mamá puede reconocerme. Pero me paro frente a él y sabe que estoy ahí, por ser una masa que bloquea los rayos del sol, por ser presión sobre sus raíces, por ser un animal cálido, con olor. Pensar en el encino como un ente complejo me ayuda a darle mayor importancia, a notar sus cambios, a querer cuidarlo mejor.

No siempre hay una interacción tan obvia entre nosotros y otras especies. El poema de ‘The Paper Nautilus’ comienza recordándonos que las argonautas no crean sus conchas para los humanos. Pero las acciones humanas, en particular las que fomentan el calentamiento global, afectan mucho a las argonautas. Aquí es donde la traducción interespecie me parece esencial para proteger el futuro de este planeta. Tendría que informarme para saber si la evidencia lo apoya, pero aún creo en el lema que del conocimiento nace el amor, y del amor la conservación.

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Quizá debiéramos poder prevenir la extinción de animales y plantas sin conocer la historia particular de cada especie. Así como no tenemos que saber la historia de cada persona en esta ciudad para querer ser ciudadanos decentes. O quizá ese es el problema, que aún entre seres humanos, requerimos algo de traducción para respetarnos. No es que necesitemos establecer siempre una relación simbiótica, pero vernos reflejados en otro ser humano exalta la necesidad de respetar o defenderlo. Será que tenemos que acercar todo hacia nosotros para que tenga relevancia. O que la traducción más bien nos ayuda a nosotros a avanzar hacia lo ajeno, a ampliar nuestros puntos de referencia y a ser, como dicen en mi rancho, más open-minded.