Apuntes sobre el psicoanálisis como literatura

Por Isabel Zapata

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1.

En su autobiografía, Wilhem Stekel revela la confesión que Herr Doktor le hizo durante una caminata por el bosque de Berchtesgaden: «Siempre estoy construyendo novelas en mi mente, usando mis experiencias como analista. Mi deseo es convertirme en escritor, pero todavía no. Quizás cuando sea mas viejo».

Es una confesión pero no un secreto, porque a nadie que haya leído a Freud se le escapan las intenciones artísticas de su estilo y estructura. El austriaco fue lector cuidadoso desde muy joven, cuando aprendió español para leer a Cervantes en su idioma original (en la correspondencia que sostuvo con Eduard Silberstein de adolescente firmaba como Cipión, uno de los protagonistas caninos de El coloquio de los perros). Desde entonces, su profesión estuvo vinculada con sus lecturas: cuando leyó Memorias de un enfermo de nervios, de Daniel Paul Schreber, escribió sus páginas sobre psicosis.

2.

Nada de esto es casual: ser reconocido como un escritor de calidad era un deseo que Freud tenía desde muy joven. El 16 de junio de 1873, a los 17 años, le escribió a su amigo Emil Fluss: «Mi profesor me dijo que mi estilo es al mismo tiempo correcto y característico. Se lo comunico a usted, que seguramente no se sospechaba que ha estado escribiéndose con un estilista de la lengua alemana. Se lo aconsejo como amigo: ¡consérvelas, átelas, guárdelas bien, que nunca se sabe!» A partir de ese primer reconocimiento, muchos han subrayado la importancia del lenguaje en la obra de Freud. Sobre Tótem y Tabú, Thomas Mann dijo: «es una obra maestra que por su estructura y forma literaria pertenece a los grandes ejemplos de ensayos alemanes».

3.

Freud usa metáforas para conservar la atención del lector al explicar procesos mentales que muchas veces escapan al limitado lenguaje literal. No es una herramienta decorativa, sino necesaria: como entendimiento subjetivo de la experiencia, este tipo de lenguaje es más útil para el análisis que los términos puramente abstractos.

En su teoría del psicoanálisis, Freud habla de batallas ganadas, del superego como la fortaleza de una ciudad conquistada, de ruinas, de capas de la civilización.

4.

El análisis hurga en la memoria para formar una narrativa más o menos coherente a partir de la historia inicial, inconsistente y fragmentada, de cada paciente. Los pacientes recuerdan (hacen conscientes) eventos que han sido reprimidos por largo tiempo en un recuento que libera al sujeto analizado de su impacto negativo. Si lo que se dice es verdad o no, es lo de menos: en el psicoanálisis, los eventos pesan menos que la manera en que los recordamos.

El origen del lenguaje no es está en la lógica, está en la imaginación.

5.

En 1932 Freud le escribió a Albert Einstein: «Quizá tiene usted la idea de que nuestras teorías son una especie de mitología, y ni siquiera una demasiado alegre. ¿Pero no es cierto que todas las ciencias naturales conducen a una mitología de este tipo? ¿No le sucede lo mismo hoy en día con la Física?».

Sobre los orígenes y los finales sólo podemos tener mitos. Quien quiera procedimientos rigurosamente descritos y resultados incuestionables tendrá que buscar en otro lado.

 

 

 

 

 

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