Telegrafía sin hilos

Por Aurelia Cortés Peyron

Pienso en la sorpresa de los poetas estridentistas ante la posibilidad de subirse a un avión y atravesar en un día o pocas horas la distancia que a sus antepasados les habría tomado días o incluso meses; en la emoción eléctrica y urbana que venía de otras vanguardias y que hasta contagió a otros poetas, sus supuestos enemigos, como Salvador Novo.

transporte-publico-mexico.jpgMe regreso todavía más en el tiempo, cruzando el umbral del fin de siglo, a los tranvías, el contraste que para mí es tan absurdo entre la solidez del vagón y su tecnología, y las pobres mulas que lo iban arrastrando por la Ciudad de México (en un momento de bochornoso melodrama, me atrapa una nostalgia incluso del pueblo de Santa, Chimalistac, antes un pueblo alejado de la perversión inherente a la urbe). Luego viene César Vallejo, en 1926, a decirnos que esa poesía que les ha dado por llamar “poesía nueva”, “cuyo léxico está formado de las palabras ‘cinema, motor, caballos de fuerza, avión, radio, jazz-band, telegrafía sin hilos’, y en general, de todas las voces de las ciencias e industrias contemporáneas” no es más que, para usar un giro popular (para mí, uno de los aciertos del estridentismo) la misma gata pero revolcada. Vallejo percibe el punto débil de esta estética y es su caducidad. Puede verla envejecer en un time-lapse que hace que los futuristas se vean como vemos ahora (¿o siempre se vieron así?) a Los Supersónicos. Y concluye, con la frase severa: “lo importante son las palabras”, con lo que lleva agua hacia el molino de la poesía metapoética.

Pienso entonces si al final el poema estridentista, con el paso del tiempo, terminó por ser costumbrista. Si quisiera escribir el nuevo poema estridentista tendría que apelar al nuevo prodigio de la velocidad: el internet. La gratificación inmediata de un like en estridentismo4comparación con la pesadez con que vemos un video de más de tres minutos o leemos un texto de más de mil caracteres. La posibilidad de reportar casi cualquier cosa, no dejar sin registro lugar ni momento de nuestra vida diaria. Vuelvo a pensar en la raíz de este afán realista, casi documentalista. ¿Tendría que incluir entonces los poemojis en el canon de los herederos de la vanguardia?

Pienso, por último, si no será el movimiento más que la velocidad el lugar de donde viene esta peculiar emoción de la poesía que se considera moderna. Quise hacer una pequeña compilación, para esta entrada, de los múltiples versos que se han escrito en esta ciudad a bordo de algún transporte. Quise pensar en la estética del poema escrito (podría también incluir pensado o sólo leído, como los veinte poemas de Girondo) en el transporte público. Tomando en cuenta que la Ciudad de México es una de las ciudades que consumen más tiempo, es decir, que nos cobran una alta fracción de nuestras vidas como peaje para atravesarlas, no me parece extraña la adaptación del poeta sedentario, firme ante su escritorio, al poeta deambulante, itinerante, que busca cómo entretenerse en lo que pasa el “imprevisto” (en lo que el metro decide volver a arrancar, en lo que puede subirse a un vagón, en lo que llueve y deja de llover…). Pero no me dio tiempo.

poemojis_4.jpg

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s