Entrevista

Siete preguntas a Lisa Dillman sobre Yuri Herrera y Andrés Barba

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La siguiente entrevista se realizó en inglés para el sitio Conversational Reading. Aquí encontrarás la versión original. 

Por Scott Esposito

Lisa Dillman es la traductora de uno de los escritores traducidos al inglés más celebrados en los últimos años. Hablo, por supuesto, de Yuri Herrera, autor del superventas Signs Preceding the End of the World y de otros dos libros parte de una suerte de «trilogía» junto con Signs…, que son The Transmigration of Bodies y Kingdom Cons. La editorial And Other Stories ha publicado las tres, aunque Kingdom Cons acaba de salir al mercado a principios de mes.

Lisa ha recibido un enorme reconocimiento (bien merecido) por la traducción de estos libros, pues exigen un alto nivel de inventiva por parte del traductor –el uso del español de Herrera es sumamente idiosincrático: a menudo acuña nuevos términos o encuentra maneras creativas de utilizar otros más antiguos. Además, la estructura sintáctica, imágenes y originales formas de narrar hacen de sus libros un reto al momento de traducirlos al inglés.

El trabajo de Lisa no solo ha sido reconocido por las traducciones de Yuri Herrera, sino también por el trabajo que ha hecho con el novelista español Andrés Barba. Aunque es cierto que Barba es un escritor muy diferente a Herrera, también es difícil trasladar con precisión su prosa al inglés. De nuevo, Lisa ha demostrado una magnífica capacidad de traducción gracias a su interpretación de novelas cortas como August, October (Hispabooks), sobre la que escribí que puede caerse en la tentación de afirmar que es perfecta, además de la celebrada y recientemente publicada Such Small Hands (Transit Books). En 2018 se publicará su traducción del libro de Barba The Right Intention, también con Transit Books, y Death of a Horse en agosto de este año, con Hispabooks.

Lisa es profesora del Departamento de Español y Portugués de la Universidad de Emory y recibió el premio Best Translated Book Award en 2016 por el libro Signs Preceding the End of the World (del original Señales que precederán al fin del mundo, editado por Periférica en 2009).

Hablé con Lisa sobre las traducciones que hizo de ambos autores para saber más sobre su experiencia, aunque también le pregunté por lo que viene de estos y otros escritores a los que traduce. A continuación, nuestra charla.

Scott Esposito: ¿Puedes contarnos un poco sobre tu primer acercamiento al trabajo de Yuri Herrera y cómo es que llegaste a traducirlo?

Lisa Dillman: Me topé con él por mera casualidad, gracias a Katie Silver, una buena amiga y traductora. Ella es la traductora de Horacio Castellanos Moya, y Horacio le recomendó leer a Yuri durante su estancia en City of Asylum, en Pittsburgh. Katie no tenía tiempo de traducir una muestra y me preguntó si yo querría hacerlo. Le estaré eternamente agradecida.

SE: Ya has escrito acerca de la densidad que tienen las novelas de Yuri Herrera, incluso afirmaste que él es capaz de encapsular un mundo en cada palabra. ¿Crees que traducir a Herrera ha sido más complicado que a otros escritores? ¿Hiciste algo diferente para adecuarte a su estilo?

LD: Sí. Siguiente pregunta (esta mujer es graciosísima). La verdad pienso que cada traducción es (endemoniadamente) complicada, muy a su manera, incluso si se trata de un texto de no ficción o de un instructivo. Muchos textos piden que se haga una vasta investigación sobre su contexto, muchos otros piden que se tenga un amplio conocimiento del área que trata. Cada uno presenta retos específicos, aunque los libros de Yuri Herrera cuentan con un matiz único. Estoy tratando de recordar si con él fue necesario cambiar la manera en que suelo enfrentarme a un texto. Cada traductor se vale de sus trucos personales (digamos que su arsenal de estrategias) para resolver cada proyecto, y serán las características principales del texto las que ayuden a determinar en cuáles se apoyará. Con Herrera no hago mucha labor de investigación, a diferencia del trabajo que hago con obras de ficción histórica. Tampoco leo todo aquello que incluya personajes que hablen o compartan un acento o jerga específicos, porque la escritura de este autor abarca múltiples registros. En su obra no he encontrado algún acontecimiento (p. ej. la Guerra Civil Española) o periodos históricos, o incluso algún lugar físico en el que deba sumergirme. Más bien, dedico casi todo el tiempo a buscar términos y etimologías para dar con maneras de comunicar el mismo tono, pero en inglés. Por ejemplo, Yuri tiende a escribir la palabra ‘huesos’ con , es decir: güesos. Es una incorrección fonética que para mí funciona como guiño. Salta a la vista, pero no tanto. Entonces, si yo tradujera la palabra como ‘bonz’, sonaría falsa, cursi, como si quisiera llamar la atención. Lo más complicado es buscar la forma de compensar cada una de estas palabras. Me pregunto qué podría hacer yo para lograr el mismo efecto. En resumen, traducir a Yuri Herrera exige mucha creatividad literaria.

SE: Quiero preguntarte sobre una decisión que tomaste como traductora en el libro Signs Preceding the End of the World. Tradujiste la palabra ‘jarchar’ como ‘verse’, en mi opinión una hermosa pincelada de traducción literaria. ¿Puedes contarme cómo es que Herrera llegó a ‘jarchar’ y cómo llegaste tú a ‘verse’ (y también dime si el autor reaccionó de alguna manera con tu decisión)? 

LD: Yuri Herrera utiliza una especie de inclusión lingüística en su escritura que acoge no solo a la lengua popular, sino también arcaísmos, neologismos y otros. Lo maravilloso es que no existe una jerarquización: la jerga, palabras innovadoras y clásicas, se mezclan de forma natural. El verbo ‘jarchar’ es sin duda un neologismo sobre el que he hablado ya. La palabra viene de ‘jarchas’ (o kharjas), un término empleado para describir el final de algunos poemas del siglo XIII escritos con voz femenina y melancólica, en mozárabe, una lengua que se hallaba en evolución y que eventualmente derivaría en el español que conocemos. Podría decirse que esas sirvieron como puente entre el árabe y el español, como transición. ‘Jarchar’, dentro del contexto de Señales que precederán al fin del mundo significa ‘irse’, pero al mismo tiempo hace referencia a lo anterior.

Para que yo llegara a ‘verse’ a partir de ‘jarchar’, tuve que pasar por un proceso largo, por una lluvia de ideas que duró muchísimos meses. Acabo de abrir un documento que contiene una charla que di con Yuri luego de terminar la traducción, y en aquel momento me debatía entre ‘twained’, ‘ported’ y ‘versed’. Justo cuando me debatía por usar alguna de las primeras dos, se me ocurrió utilizar la palabra ‘versed’. Sin importar si era esa u otra palabra, debía tomar en cuenta varios factores importantes. Por ejemplo, no existía una manera coherente de hacer referencia al árabe, pues este idioma no tuvo nada que ver con la evolución del idioma inglés. Por lo tanto, incluso si daba con una palabra de raíces árabes, esta no habría cumplido la misma función de servir como puente entre el idioma inglés y sus formas previas. Siendo ese el caso, sentí que debía existir un elemento polisémico adicional, no necesariamente incluido en la versión original, algo que en inglés incluyera varias cosas. Entonces, ‘twain’ viene del inglés medio (p. ej. los orígenes de nuestro idioma), casi no se usa, significa ‘dos’ (que podría vincularse a algo que se halla entre dos cosas –o más de una a la vez–), es un sustantivo que yo transformaría a verbo, y además podría recordarnos y suena a Mark Twain. Había una conexión más, pero no la recuerdo, pues uno termina perdiéndose en investigaciones infinitas durante el proceso de traducción y resulta imposible recordar cada detalle. De todos modos, cuando por fin llegué a ‘verse’, supuse que sería la más adecuada, que le hacía más justicia al original. Me gusta que sea un sustantivo conectado de forma directa a la poesía –pues las ‘jarchas’ eran estribillos– y que al usarse como verbo se relacionan a la noción de movimiento (atravesar o traverse, en inglés, lo que hace Makina en su viaje) además de a la de cambio (a la inversa) y a la de unidad (universo). También me gusta que no remita al mundo anglosajón, como sí lo hacían las referencias oblicuas al inglés medio y a Mark Twain. En cuanto a la reacción del autor, solo he escuchado comentarios positivos. Siempre ha sido generoso, abierto, me ha reiterado su apoyo y se ha mostrado dispuesto a hablar de cualquier cosa.

SE: Viví en México durante poco más de un año y fue ahí donde aprendí a hablar español, por lo que sé que México tiene un español propio, elaborado, colorido, y algunas de sus palabras van directo al corazón de la identidad mexicana. ¿Podrías hablar sobre el español mexicano que usa Yuri Herrera?

LD: El español mexicano tiene palabras fácilmente identificables, algunas como ‘bato’ (que Herrera escribe con b y no con v), ‘gabacho’, ‘cuate’ y ‘chambear’, y luego existe un lenguaje matizado, sutil, que supongo que es algo natural. Por ejemplo, algo como ‘le’, pronombre indirecto en tercera persona, que se usa al final de los verbos. El ejemplo más típico de lo anterior es ‘ándele’, aunque se usa en muchas otras palabras. Para mí, Herrera demuestra un gran afecto tanto por el lenguaje mismo y quienes los hablan como por sus mexicanismos. Incluso en diálogos rudos se aprecia su afecto por el lenguaje. Por ejemplo, al inicio de Trabajos del reino, Lobo se encuentra con el Joyero y este le demuestra quién es quién y le dice: «No diga que se lo dije, colega, no hay que hacer chismes. Aquí la cosa es llevarse bien con todos y le va bien. Como ahorita, usté y yo ya nos hicimos amigos, qué no». En inglés, en Kingdom Cons: “But don’t say I said so, amigo,” the Jeweler went on, “no gossip allowed. Way it works here is, you make nice with the pack, you’ll do fine. Like you and me right now, we just made friends, right?” Salvo el ‘qué no’, no hay algo que refleje al español mexicano, sin embargo, ese fragmento está lleno de la calidez lingüística que deriva, según creo, de la acumulación de pequeños detalles: llamar ‘colega’ a Lobo, usar la palabra ‘chismes’, así, en plural, ‘ahorita’ en diminutivo y, sobre todo, la escritura fonética de ‘usted’. No sé si me explico. Lo que quiero decir es que al usar mexicanismos explícitos junto con algunas palabras menos explícitas se logra la autenticidad de la expresión. Espero que eso haga sentido.

SE: Claro que hace sentido. Puedo entender cómo es que estos detalles llegan a entenderse como mexicanos, e incluso puedo imaginar cómo usarlos dentro de alguna conversación. También quiero preguntarte qué viene de Yuri Herrera. Con Kingdom Cons se completan las traducciones al inglés de la «trilogía» de la frontera México-Estados Unidos; pero, dada la maravillosa recepción de estos libros tanto en inglés como en español, no creo que sea lo último que leamos de Yuri Herrera. ¿Qué sigue para ambos?

LD: La recepción de los libros de Herrera ha sido maravillosa. Eso me hace tener esperanza en el mundo, de verdad, porque él es un escritor bastante empático. Y no, no es lo último que leeremos de Yuri Herrera. Asumo que seguirá escribiendo novelas, aunque no se lo he preguntado, pues sería lo mismo que cuestionar a un estudiante de posgrado sobre los avances de su tesis. Sé que ha escrito varias historias y que le interesa la ciencia ficción. Traduje ya algunas de ellas. Una apareció en la revista World Literature Today y otra en Chattahoochee Review. Si pudiera, yo trabajaría con él para siempre porque es una experiencia enriquecedora. En cuanto a mí, este verano cotraduciré con Danny Hahn otro libro de Eduardo Halfon y después tengo agenda abierta, así que, si alguien quiere proponerme algún proyecto increíble, ¡adelante!

SE: Quiero preguntarte por otro escritor de renombre que has traducido, el español Andrés Barba. Es un maestro, aunque su estilo es muy diferente al de Yuri Herrera, mucho más naturalista, parecido a lo que a veces llamamos «realismo», además de que no luce la pirotecnia estilística de Herrera, con todo y que su escritura es exquisita y produce un impacto que puede llegar a ser tan profundo como el de la escritura de Herrera, o quizá más. ¿Cuáles son algunos de los retos de traducir a Andrés Barba y cuál es la diferencia entre traducirlo a él y al escritor mexicano?

LD: Los retos al traducir a Andrés Barba son bastante concretos. Por ejemplo, rara vez usa pronombres y escribe oraciones largas, compuestas. En Death of a Horse encontramos al protagonista (sin nombre), a un niño y a un caballo. En una parte del libro cada uno de estos personajes hace varias cosas, pero no se puede decir quién hace qué: «Lo vio y luego por encima de él, aunque estaba viéndolo de frente, y se preguntó por qué él no dijo lo que le pasaba por la cabeza o por qué no se movía». A menudo le escribía para preguntarle algo como: «En la página 74, en donde escribes ‘lo vio’, ¿es el protagonista principal quien mira al caballo o el caballo el que mira al protagonista?». Además, en la escritura de Andrés Barba, la sintaxis y la construcción de las oraciones son bastante complicadas, así que es difícil hallar el balance. A mí no me gusta cortar oraciones largas, por lo que debo jugar con las palabras para hallar maneras de evitarlo y aun así tratar de lograr el flujo natural de sus oraciones.

SE: Tu más reciente traducción de Barba es una novela breve, Such Small Hands, según creo, el primer libro de Transit Books, una nueva editorial especializada en traducción. Sé que la primera vez que leíste el libro fue hace diez años y desde entonces sentiste el impulso de traducirlo. ¿Podrías decirnos por qué te movió tanto esta historia y cómo fue que llegaste a publicarla con Transit?

LD: Such Small Hands es el primer libro de Transit y me siento sumamente agradecida de que Ashley (Nelso Levy) y Adam (Levy) hayan visto en la historia lo mismo que yo porque Andrés Barba es un autor increíble. Me topé con su trabajo por mera casualidad. Estaba en una librería en Madrid, hace poco más de una década, paseándome entre libros, y encontré uno escrito por un autor jovencísimo (creo que en aquel entonces tenía veintiocho años) sobre tres mujeres: una niña con problemas de desarrollo; su hermana, que trabajaba como desnudista; y la madre, una prostituta. Lo vi y pensé: «Es imposible que este tipo pueda escribir tres voces femeninas convincentes». Pero lo hizo. Quedé sorprendida. Luego leí Las manos pequeñas y entendí que no fue un golpe de suerte. El libro me resultó irresistible, así que no podía no traducirlo. Entonces, a pesar de no contar con un contrato o interés de alguna editorial, lo hice y se lo envié a todo mundo. La gente me decía que era un libro demasiado oscuro, pero la verdad no lo es. Tal como dice el mismo Andrés, es una historia de amor. Igual la traducción se quedó en un cajón hasta que Transit la aceptó. ¡Y ahora publicarán otro libro de Andrés este otoño! Es una historia con final feliz.

 

Scott Esposito es autor de The Latinamerican Mixtape / Mixtape latinoamericano, uno de nuestros primeros libros.

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